Neuronas que permiten al cerebro concentrarse sólo en lo importante

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20/may/2011 · PsychCentral. 2011 May

 

 

 

 

 

 

LOS “FILTROS DE NEURONAS” PERMITEN AL CEREBRO CONCENTRARSE SÓLO EN LA INFORMACIÓN IMPORTANTE
Los “filtros de neuronas” permiten al cerebro concentrarse sólo en la información importante.

FUENTE:
http://www.psiquiatria.com/

ARTÍCULO DISPONIBLE EN:
http://www.psiquiatria.com/noticias/psicosis/esquizofrenia/diagnostico46/52075/?

Resumen
Desde hace tiempo, ya se suponía que las personas con enfermedades como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), el síndrome de Tourette, el trastorno obsesivo-compulsivo y la esquizofrenia, pueden padecer anomalías en la corteza prefrontal del cerebro.

Los daños en esta región del cerebro a menudo están asociados con problemas para concentrarse en las cosas relevantes, pérdida de inhibiciones, impulsividad desmedida y varios tipos de conductas inapropiadas. Hasta ahora, no se sabía la razón exacta de que la corteza prefrontal sea tan esencial para estos aspectos de la conducta, y ese desconocimiento impedía el desarrollo de métodos más eficaces para el diagnóstico y el tratamiento de estos pacientes.

Ahora, una investigación realizada por el equipo de Julio Martínez Trujillo de la Universidad McGill, en Canadá, brinda nuevas esperanzas a estos pacientes. Se cree que la clave de las anomalías de conducta mostradas por individuos con problemas en la corteza prefrontal se encuentra en un mal funcionamiento de un tipo específico de células cerebrales.

Martínez Trujillo y sus colaboradores han identificado ciertas neuronas en la región dorsolateral de la corteza prefrontal que separan selectivamente la información visual importante de la poco relevante.

La clave del funcionamiento normal de estos “filtros de neuronas” es su capacidad para, en presencia de muchas cosas en el campo visual, inhibir de manera drástica el flujo de información poco importante, haciendo que el resto del cerebro tengo acceso a lo que sí es relevante. Al contrario de lo que mucha gente cree, el cerebro tiene una capacidad de procesamiento limitada. Sólo puede procesar con eficacia cerca del uno por ciento de la información visual que recibe. Esto significa que las neuronas responsables de percibir objetos y de programar las acciones subsiguientes deben competir de manera constante entre ellas para acceder a la información importante.

Estos resultados podrían ser decisivos para identificar las causas exactas de una amplia gama de trastornos mentales como el TDAH y la esquizofrenia, y mejorar su diagnóstico y su tratamiento.

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Neurodesarrollo y patogenia de las enfermedades mentales: la vía de señal mediada por reelina
Diego Urgelés, Francisco Clascá, Tania Ramos-Moreno

Contribuciones desde el EEG para la comprensión de la esquizofrenia.
Marcia R Digiacomo, Carlos M Gómez, Jaime Gómez, Manuel Camacho

Evaluación informatizada de la cognición en la esquizofrenia: Promesas y obstáculos de la CANTAB.
Marie-Noëlle Levaux, Stéphane Potvin, Amir Ali Sepehry, Juliette Sablier, Adrianna Mendrek and Emmanuel Stip.

Volumen del cerebro en el primer episodio psicótico: Revisión sistemática y meta análisis de los estudios de proyección de imagen de resonancia magnética.
R. Grant Steen, Courtney Mull, Robert Mcclure, Robert M. Hamer and Jeffrey A. Lieberman

Empresas reflexionar sobre lo verdaderamente “personal”

 

 

ARTÍCULO
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Medicina Natural | Noticias

EMPRESAS REFLEXIONAR SOBRE LO VERDADERAMENTE “PERSONAL” PUEDE CONSEGUIR MEDICAMENTOS
Monya Baker
Diario nombre:
Nature Medicine

Publicado en línea 05 de mayo 2011
Medicamentos contra el cáncer como Herceptin se conocen como “medicamentos personalizados”, ya que se prescriben para los subgrupos de pacientes que comparten rasgos genéticos específicos. Pero terapias verdaderamente individualizados están representados por tratamientos como Provenge, que consiste de las células de los propios pacientes que se han extraído, expuestas a un antígeno que los trenes que vayan después del cáncer de próstata y re-infusión.

La última categoría es un hueso duro de roer, sin embargo, desde los EE.UU. Food and Drug Administration (FDA) aprobó hace un año Provenge, la medicina personalizada basada en las células ha seguido ganando un interés. Un curso de tres infusiones de tratamiento cuesta $ 93.000, pero la demanda sigue siendo alta. A principios de este año, Dendreon, la empresa con sede en Seattle que hace Provenge, anunció que había recibido aprobación de la FDA para ampliar el número de instalaciones de producción para el producto de 12 a 48.

Los optimistas se apresuran a citar Provenge como la cresta de una ola de nuevas terapias. “Esto tiene consecuencias enormes”, dice Ronald Levy, co-fundador de Idec Pharmaceuticals (que se fusionaron para formar Biogen Idec en 2003). “No puede ser de 50 otras terapias que tienen la esperanza de seguir en el ejemplo Provenge”.

Aunque Levy, quien se encuentra ahora en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford en California, es optimista sobre el futuro de personalizar las terapias basadas en células, se enteró de la forma más dura que algunas formas de la medicina personalizada resultar demasiado engorroso para ampliar. En la década de 1980, comenzó la creación de anticuerpos diseñados para cada paciente con linfoma. Levy y sus colegas identificar los receptores en los linfocitos reveladoras rebeldes para cada paciente y luego producir anticuerpos personalizados diseñados para atacar sólo sus células cancerosas. Unos 50 pacientes fueron tratados con anticuerpos producidos de esta manera, dice Levy. “Se trabajó la mayor parte del tiempo, pero se convirtió en económicamente inviable.” Así que él y sus colegas Idec vez desarrollado el rituximab éxito de taquilla, un anticuerpo que actúa sobre una proteína que se encuentran en todas las células B, permitiendo a muchos pacientes con linfoma de recibir la misma droga.

Dowdalls Jim / Photo Researchers, Inc.

Bill Rastetter, un jefe ex ejecutivo de Idec y ahora socio de Venrock, una firma de capital-riesgo en Palo Alto, California, dice que la eficacia, así como la economía le llevó a decidir en contra de producir anticuerpos individualizada. la proyectada Idec precio de venta para el enfoque de anticuerpos personalizada fue $ 50.000 por ciclo de tratamiento, con cerca de uno de cada cinco pacientes que muestran una remisión más largos que los previstos debido a la quimioterapia sola. En contraste, cerca de seis de cada diez pacientes se beneficiaron de rituximab, dice, a un costo de aproximadamente $ 10.000 por ciclo de tratamiento. (Levy señala que los enfoques no fueron probados al lado del otro, por lo que la eficacia es difícil de comparar.)

NATURE MEDICINE REVISTA
Pag Web:
http://www.nature.com/nm/journal/v17/n5/full/nm0511-519.html

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El polémico Alexis Carrel,de Premio Nobel a compromiso con el hombre

 

 

 

 

El polémico Alexis Carrel, de Premio Nobel a compromiso con el hombre

Si en los comienzos del siglo XX hubo un personaje médico polémico, ese fue Alexis Carrel. “La calidad de la vida importa más que la vida misma”. Es una cita suya que introduce de lleno en el análisis de su conducta personal y científica, cuyo objetivo fue el estudio de la verdad del ser humano. En 1912 recibe el Premio Nobel de Medicina “en reconocimiento a sus trabajos sobre sutura vascular y trasplantes de vasos sanguíneos y órganos”.

Alexis Carrel                                                                                                                           

Dr. Ángel Rodríguez Cabezas De la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas y de la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Dra. Maribel Rodríguez Idígoras Especialista en Medicina Preventiva y Salud Mental.

Personaje enormemente controvertido, acusado de colaboracionista, buscador de explicación científica a fenómenos sobrenaturales a raíz de un posible milagro, está sin embargo en la historia de la Medicina por haber obtenido el Premio Nobel en 1912 por sus trabajos sobre sutura vascular.

A pesar de que su devenir fue una constante búsqueda de la verdad, su memoria no ha sido bien tratada por algunos historiadores debido a algunos hechos que tangencialmente inciden y perturban su biografía y que siempre fueron analizados bajo la influencia de críticas pasionales.

Alexis Carrel nació el 28 de junio de 1873 en Sainte-Foy-lès-Lyon, Francia. Hasta obtener los grados de bachiller en ciencias y en letras, estudió en la Escuela Jesuita de San José en Lyon. Fueron estas enseñanzas las que seguramente influirían en la adopción de determinadas posiciones médicas en el futuro, como veremos más adelante.

No seguiremos una exposición estrictamente cronológica en este relato, ciñéndonos exclusivamente al orden de prioridad que el mejor conocimiento del personaje nos sugiere.

¿Colaboracionista?
Uno de estos acontecimientos, que modelan especialmente su biografía, sucede a su regreso a Francia desde los Estados Unidos de América en 1939. Un año más tarde los alemanes invaden Francia y promueven, bajo su estricto control de dominadores, el régimen de Vichy que encabeza el general Petain. Más tarde Carrel sería acusado no sólo de simpatizar con los alemanes a través del régimen de Vichy sino de negociar con ellos en representación del Instituto para el Estudio de los Problemas Humanos, del que era fundador y que dirigía con mucho celo en aquel momento.

Estos hechos, junto con su pensamiento -quizás no bien interpretado- expresado en el prólogo de su obra “La incógnita del hombre”, le van marcando como sujeto peligroso y antidemócrata. En dicha obra, publicada cuando todavía estaba en Nueva York, formula que “la civilización occidental está en muy grave peligro” y predice que “se encamina hacia la degeneración a causa de la esterilidad de los grupos humanos más fuertes y más inteligentes”, proponiendo como solución el establecimiento de una sociedad nueva controlada por el progreso de la ciencia del hombre.

Estos sucesos y manifestaciones sirvieron para enmarcarle socialmente como persona no grata, habiéndosele tildado de traidor, colaboracionista y afín ideológicamente a los que defendían un control científico del género humano. El lector puede establecer su propio juicio, en este sentido, tras la lectura del siguiente párrafo del Prólogo a la última edición americana de L’Homme, cet inconnu. París, 1940: “La civilización occidental no se ha encontrado jamás en tan grave peligro como hoy. Incluso si evita el peligro por la guerra, se encamina hacia la degeneración a causa de la esterilidad de los grupos humanos más fuertes y más inteligentes. La jurisdicción de la ciencia se extiende a todo aquello que es observable, lo espiritual, tanto como lo intelectual y fisiológico. El hombre, en su totalidad, puede ser aprendido por el método científico. Pero la ciencia del hombre difiere de todas las otras ciencias.

Debe ser sintética al mismo tiempo que analítica, porque el hombre es a la vez unidad y multiplicidad. Sólo ella es capaz de engendrar una tecnología aplicable a la construcción de la sociedad…”.

El alcance negativo que tuvieron estas palabras fue tal, que llegó a decirse con respecto a su muerte, cuando le sobrevino el 5 de noviembre de 1944, meses antes de finalizar la II Guerra Mundial, que había supuesto para él una gran ventura, pues le había librado del deshonor y la vergüenza de un consejo de guerra, con acusación al menos de colaboracionista.

La curación por la oración
Existe otro suceso un tanto controvertido en la biografía de Carrel que modela muy fuertemente su vida interior, que se debate desde entonces por encontrar explicación científica a los fenómenos sobrenaturales. Carrel es testigo de una curación milagrosa, como médico de una peregrinación a Lourdes, en la persona de la joven Marie Bailly, que padecía una peritonitis tuberculosa en estado muy avanzado, preagónico, y cuyo viaje él mismo había desaconsejado. Carrel firma como testigo médico del milagro en la oficina de comprobaciones médicas de Lourdes, aunque reconoce no comprender la esencia del fenómeno. Todo esto lo relata en su libro “Le voyage à Lourdes” (1949). Lo que más nos importa ahora es precisar la gran influencia que la curación de Marie produce en su espíritu, de tal forma que durante el resto de su vida trata de buscar explicación científica a estos fenómenos y de disipar las enormes vacilaciones relacionadas con la existencia de Dios y del hombre, a raíz de que enuncia -sin ningún género de dudas- que la oración puede ser un medio de curación. Desde entonces Carrel peregrina todos los años a Lourdes y allí conoce a la que sería su gran colaboradora y esposa, Ana María de la Motte de Meyrie. Al margen del contenido puramente científico-médico de su obra, que luego comentaremos, el impacto de la vivencia de Lourdes da lugar a grandes reflexiones que le turban y le afligen: “la ciencia ha avanzado muy poco en el campo de la telepatía, fenómenos místicos y de la oración, de la educación, de la intuición, del arte, de la voluntad”, dejando por escrito el fruto de sus reflexiones en una sugestiva obra: “El hombre, ese desconocido”, “La oración”, “Día tras día” y “Reflexiones sobre la conducta humana”.

El científico
Si interesante, aunque polémica, resultó esta faceta de su vida, que se enmarca bajo la influencia de la tortura espiritual, no lo es menos la científica que revoluciona el mundo de la Cirugía, y que le hace ganar el Premio Nobel. El éxito de su carrera lo determina, siendo estudiante, el atentado que en Lyon, en 1894, sufre el presidente Sadi Carnot, al que asiste impotente junto con el equipo médico que le atendió, ya que la herida que afectó a un vaso importante fue mortal de necesidad y los cirujanos fueron incapaces de suturar rápidamente la vena porta, que había sido lesionada. Aquello alarma su inquieta mente científica de tal forma que le lleva a tomar seriamente la determinación de estudiar la técnica útil para suturar quirúrgicamente los vasos sanguíneos borde a borde. Localiza las agujas más finas, que le proporciona la famosa bordadora Madame de Levoudier, y empieza a practicar en todos los materiales posibles, incluso papeles de periódicos, para pasar a animales de experimentación. Logra depurar su técnica de tal forma que sutura, evitando la constricción y la infección, merced a su método que consistía en dar tres puntos equidistantes en el extremo de cada vaso, después de haberles dado la vuelta como a un calcetín, con objeto de que solo la cara interna de ellos estuviera en contacto. Logra hacer el “más difícil todavía” suturando venas cada vez más pequeñas, con una técnica colmada de exquisita habilidad y sedas de Alsacia.

En 1906 se incorpora al Instituto Médico Rockefeller de Nueva York donde realiza multitud de trasplantes de vasos sanguíneos y órganos enteros, verdaderas acrobacias experimentales anatómicas para la época, como, por ejemplo, extirpar órganos con sus vasos correspondientes y trasplantarlos en otro lugar del cuerpo del animal.

La importancia de su técnica permite pronto realizar intervenciones quirúrgicas en el hombre, tendentes a curar las cardiopatías congénitas, como la realizada en 1944 por A. Blalock y H. G. Taussig.

En 1912 se le concede el Premio Nobel de Medicina “en reconocimiento a sus trabajos sobre sutura vascular y trasplantes de vasos sanguíneos y órganos”.

No termina aquí sus aportaciones a la Medicina. Durante la I Guerra Mundial inventó una solución antiséptica para la desinfección de heridas, la de Dakin-Carrel (mezcla de hipoclorito sódico, borato sódico, ácido bórico y agua), que salvó muchas vidas y que tuvo un gran implante en la práctica quirúrgica durante muchos años. En una historia en su vida que comienza cuando en la Gran Guerra sirvió como Mayor en la Armada Francesa, habiendo sido movilizado en 1914 y destinado a oficinas para realizar tareas burocráticas. Una vez que logró el traslado al Hôtel-Dieu de Lyon, se enfrascó en el estudio de la infección de las heridas de guerra. Centró su actividad en la búsqueda de un antiséptico eficaz. Con el apoyo del Instituto Rockerfeller y otras instituciones, comenzó el trabajo junto con el químico Henry Dakin (1880-1952).

Fruto de estas investigaciones en colaboración fue la famosa solución antiséptica (Dakin-Carrel) tan utilizada a partir de entonces en todas las heridas. Además de ello, Carrel confió en los principios de la bacteriología que comenzaba su caminar, para supervisar minuciosamente el progreso de la infección y determinar el tiempo de cierre secundario de las heridas. Es el “método Carrel” que se hizo famoso entre los cirujanos de guerra. Consistía en hacer un frotis de uno de los bordes de la herida, teñirlos y contar el número de bacterias. Esto, junto con la extirpación de todo material extraño y tejido necrosado, y la limpieza meticulosa y lavado con solución de Dakin-Carrel, produjo, en una época donde los antibióticos no había aparecido aún, una gran disminución en la tasa de mortalidad de los heridos y en la disminución de las complicaciones de las heridas de guerra.

Y en 1930 su espíritu inquieto le lleva a construir, junto con el piloto Charles A. Lindberh, el primer aviador que cruzó el Atlántico, una bomba de corriente sanguínea o “corazón artificial, o sistema de respiración estéril” con objeto de poder conservar los órganos de los animales de experimentación.

Finalmente en 1939 Carrel abandona los Estados Unidos de América y regresa -como todos de alguna forma lo intentan- a sus raíces.

Es en París, en 1944, donde le sorprende la muerte, dejando tras de si una obra en lo que lo anecdótico se hace profundo y trascendente, aunque tras su muerte su nombre se olvidó durante 45 años, hasta que fue rescatado por el Frente Nacional. Los franceses pensaron que sus ideas pesaban más que sus méritos científicos que le llevaron a obtener el Premio Nobel. Su nombre fue retirado de las calles de más de veinte ciudades de Francia, excepto Paris.
Esta es la historia de un científico cuya vida polifacética trascurrió en conductas extrañas y contradictorias

Un derivado del tabaco previene pérdidas de memoria por Alzheimer

 

 

 

 

Nicotina

 

 

INTERNACIONAL

Un derivado del tabaco previene pérdidas de memoria similares a las causadas por Alzheimer.

Los fármacos contra el Alzheimer disponibles en la actualidad sólo pueden ayudar a retrasar la aparición de sus síntomas, pero no frenar ni revertir el proceso que desencadena esta enfermedad

Madrid (4-5-11).- La cotinina, un compuesto derivado del tabaco, reduce las placas asociadas con la demencia y ha logrado prevenir la pérdida de memoria asociada al Alzheimer en un modelo experiental. Así lo ha demostrado un equipo de investigadores de la University of South Florida, en Estados Unidos, cuyos descubrimientos se han publicado online en Journal of Alzheimer’s Disease.

Según Valentina Echeverria, científica del Bay Pines VA Healthcare System y profesora adjunta de Medicina Molecular en USF Health, han encontrado un compuesto que protege a las neuronas, previene la progresión del Alzheimer, mejora la memoria y ha demostrado ser seguro en estudios realizados en modelos experimentales. Este compuesto, en combinación con fármacos con buen perfil de seguridad en humanos, podría ser una atractiva terapia para esta enfermedad.

Algunos estudios epidemiológicos han demostrado que las personas que fuman tienden a tener una menor incidencia de Parkinson y Alzheimer. Las investigaciones han atribuido este aparente beneficio a los efectos de la nicotina, que ha demostrado mejorar la memoria y reducir placas similares a las del Alzheimer en modelos de laboratorio. Sin embargo, los efectos cardiovasculares dañinos y sus propiedades adictivas hacen de este compuesto un candidato a fármaco para las enfermedades neurodegenerativas poco deseable.

El equipo de Echeverria decidió estudiar los efectos de la cotinina, el mayor subproducto del metabolismo de la nicotina, en un modelo experimental con Alzheimer. La cotinina no es tóxica y duran más que la nicotina. Además, su seguridad ha sido demostrada en ensayos en humanos, evaluando el potencial de la cotinina para aliviar los síntomas de dejar el tabaco.

Al término de los cinco meses de estudio de un modelo predispuesto genéticamente para desarrollar Alzheimer, los tratados con cotinina realizaban mejor las tareas que medían su memoria funcional y las habilidades de pensamiento que los del grupo control no tratados. El tratamiento con cotinina a largo plazo parece proporcionar una protección completa frente a los daños específicos de la memoria. Su actuación en este área de prueba fue idéntica a los de los sujetosnormales sin demencia.

En concreto, el cerebro de los individuos con Alzheimer tratados con cotinina demostró una reducción del 26 por ciento en los depósitos de placas amiloides.

Asimismo, la cotinina inhibió la acumulación de oligómeros de péptido amiloide, un predecesor de estas placas. Además, los investigadores descubrieron que la cotinina estimuló el factor de señalización Akt, que promueve la supervivencia de las neuronas y aumenta la atención y la memoria.

Las placas seniles parecían no haberse formado todavía o estar a punto de comenzar a acumularse en el cerebro de los individuos adultos jóvenes cuando se comenzó a tratarles con cotinina a largo plazo.

Los investigadores sugieren que la cotinina podría ser útil en la prevención del deterioro cognitivo cuando se administra a individuos que aún no presentan los daños cognitivos propios del Alzheimer o en aquellos con un daño cognitivo leve en etapas tempranas de esta enfermedad.

No obstante, según Echeverria, los investigadores están buscando pruebas adicionales para emprender un ensayo clínico piloto sobre la efectividad de la cotinina en la prevención de la progresión del Alzheimer en pacientes con daño cognitivo leve.

Además, el equipo de VA-USF estudia el potencial de este compuesto derivado del tabaco para aliviar la ansiedad inducida por miedo y ayudar a manejar los recuerdos traumáticos en modelos con desórdenes de estrés postraumático.

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Sondeo del fondo del mar en busca de metano

 

 

 

Al borde del Abismo

 

Recuerdos para comprar junto al mar

 

Las marismas y albuferas

NOTICIAS
SONDEO DEL FONDO DEL MAR APROVECHA EL EMBALSE DE METANO

Gases de efecto invernadero se encuentra en abundancia alta pero riesgo de liberación masiva incierto.

Un robot submarino ha sido utilizado para medir la cantidad de metano al acecho en el barro en el fondo del mar, la primera vez que tales mediciones realizadas in situ. Las observaciones apoyan mayores estimaciones de cuánto metano se almacena en los océanos del mundo y podría utilizarse para vigilar zonas donde metano podría ser liberado en grandes ráfagas. Estas medidas son importantes, dado que algunos científicos están preocupados por versiones catastróficas de metano que contribuyen al cambio climático, y otros están interesados en minería tales depósitos de combustible.

Los investigadores han conocido desde la década de 1960 que hay algunos depósitos naturales de hielo congelado que contienen metano tirado en el suelo del océano, donde la alta presión y temperatura fría mantienen de fusión. Oceanógrafos han tirado trozos congelados de este material, llamado metano clatrato o hidratar, de más de 90 ubicaciones en todo el mundo y han estimado, de estudios acústicos y suposiciones acerca de que razonablemente podría formar hidrato — que hay unos 10.000 gigatoneladas de carbono almacenado en esta forma bajo el mar. Es dos veces más que el carbono que se cree que en los combustibles fósiles convencionales. Algunos han especulado que repentino deshielo de hidratos de cañería, gracias a un océano de calentamiento por ejemplo, liberan enormes cantidades de metano en la atmósfera y generaron un cambio climático rápido en el pasado.

Pero las estimaciones actuales de la cantidad de metano enterrado bajo el mar echa en falta una gran parte de la imagen, dice Peter Brewer, químico del océano en el Monterey Bay Aquarium Research Institute en Moss Landing, California. Además de las de gas natural almacenada en el hielo, dice, debe haber un montón de gas en el agua, saturando el lodo en que el hielo está enterrado. De lo contrario, dice, el hidrato sería estable. “Si acabo de poner un bloque de hidrato de metano en el fondo del mar que disolverá realmente rápido,”, dice. “Los hidratos en sedimentos tienen que estar en equilibrio con el agua alrededor de ellos, que debe contener enormes cantidades de metano. Uno diría es aproximadamente la misma que la cantidad en el clatrato sí.”

Zhang Xin, analizar un núcleo de barro a bordo del buque de investigación Volante occidental.Instituto de investigación de Nancy Barr/Monterey Bay Aquarium

Para empezar un identificador en esta parte de la imagen, Brewer y sus colegas — sobre todo estudiante de doctorado Xin Zhang del Instituto de Oceanología la Academia China de Ciencias en Qingdao, equipado un vehículo manejados con una sonda de metal y un espectrómetro de Raman. El sub robótico puede pegar su sonda de metal en el barro junto a un depósito de hidrato y mamar agua y, a continuación, un rayo láser revela la cantidad de metano y otras sustancias en el agua, todo sin dejar el fondo del mar. Estudios previos han intentado Tire hacia arriba de barro a la superficie para análisis, pero el cambio de presión significa que la mayoría de los escapes de gas en el camino. Mediciones in situ durante mucho tiempo se pensaban que imposible debido a problemas de fluorescencia interfieren, pero equipo de Brewer ha demostrado que se puede hacer.

La Champaña de gases de efecto invernadero

Para su papel en Geophysical Research Letters1, visitaron tres sitios: Columbia Británica extraterritorial de cañón de Barkley, Oregon extraterritorial de hidrato Ridge y un área costa afuera Los Ángeles y encontraron altas concentraciones de metano, a presiones de hasta tres veces más que la de una botella de champagne, corked hasta en el lodo.

La técnica, dice Brewer, podría utilizarse para comprobar en zonas donde se sospecha que podría establecerse un gran volumen de gas para ser lanzado. ¿”Si ves burbujas de metano que sale el agua o el suelo de mar, es una chimenea aislada de gas o es una gran área preparada para lanzamiento? Se ha producido ninguna manera de saber. Ahora puede ir medirlo,”, dice. “Es una herramienta muy poderosa”.

“Es caro, pero es útil,” dice Ross Chapman, un geofísico de la Universidad de Columbia británica que estudia los hidratos y no estuvo involucrado con el trabajo de Brewer. “Es agradable ver a estos resultados”, dice, incluso si simplemente confirman lo que todo el mundo sospechaba: hay metano mucho más allá que es aparente de núcleos que trajo a la superficie.

Dicho todo esto, Chapman y Brewer pensar que la masas comunicados de metano del fondo del mar son poco probable que cause una ignición en el clima actual, como gas liberado es más probable obtener masticados por bacterias o disuelto en el agua de mar en lugar de lanzado al aire. “No es una historia de terror,” dice Brewer. “Es difícil imaginar que esto suceda,” acepta Chapman. “Calentamiento ocurre en la superficie, y que tendría que trabajar su camino hasta el final. Tendría que calentarse más de 4 ° C, que es  una temperatura enorme. ”

 

 

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NASA y Socios financian nuevos estudios de impacto climático de especies y ecosistemas

 

 

 

 

Steve Cole

Sede, Washington
202-358-0918
Stephen.e.Cole@NASA.gov

22 De abril de 2011 VERSIÓN: 11-121
NASA y socios financian nuevos estudios de impacto climático de especies y ecosistemas
WASHINGTON–La NASA está asociado con otras agencias federales para financiar nuevas investigaciones y esfuerzos de aplicaciones que traerán la visión global del clima desde el espacio a la tierra en beneficio de la vida silvestre y los ecosistemas claves.

NASA, el Servicio Geológico de Estados Unidos, National Park Service, U.S. Fish y Wildlife Service y Smithsonian Institution proporcionará 18 millones de dólares para 15 nuevos proyectos de investigación durante los próximos cuatro años. Las organizaciones de los Estados Unidos en el mundo académico, Gobierno y el sector privado serán estudiar la respuesta de diferentes especies y ecosistemas a los cambios de clima y desarrollar herramientas para administrar mejor los recursos naturales y vida silvestre. Los proyectos fueron seleccionados de 151 propuestas.

División de Ciencias de la tierra de la NASA en la dirección de misión ciencia ha financiado varios proyectos de investigación de ecosistemas y la biodiversidad en los últimos años. Esta es la primera vez que la Agencia ha dirigido investigaciones investigando la intersección de estudios biológicos de clima.

Las especies de flora y fauna que serán estudiadas incluyen osos polares en Groenlandia, ballena en el Océano Ártico y las aves migratorias y aves acuáticas en los Estados Unidos. Otros estudios se centrarán en especies de interés comercial, como almejas, ostras y otros bivalvos en aguas costeras de estadounidenses y Atún Atlántico, en el Golfo de México.

Para obtener más información acerca de los efectos climáticos en las plantas, los investigadores se centrarán en la pérdida de cordgrass marismas en humedales costeros del sudeste de Estados. También se examinarán las tensiones a especies nativas, muchos de valor comercial, en el oeste de los Estados y Canadá.

“Sabemos muy poco sobre cómo la mayoría de las especies y los ecosistemas responderá a los cambios ambientales relacionados con el cambio de clima,” dijo Woody Turner, Gerente del programa de previsión ecológica de la NASA en Washington. “Estos proyectos reunir datos de global por satélite de la NASA del entorno físico con datos terrestres de determinadas especies y ecosistemas y equipo para detectar y entender las respuestas biológicas al clima de modelado. Como resultado, vamos a mejorar nuestra gestión y mitigación de los efectos del cambio climático.”

Los estudios utilizará observaciones a largo plazo de la tierra desde el espacio, incluyendo datos sobre la temperatura superficial del mar, cubierta vegetal, lluvia, nieve, hielo marino y la variabilidad en las plantas verdes marinas microscópicas que forman la base de cadenas de comida de mar.

Un estudio pretende determinar cómo las poblaciones de aves acuáticas y bosque responderán a sucesos extremos como olas de calor, sequías a largo plazo y olas de frío. Los biólogos de la vida silvestre como Patricia Heglund de el U.S. Fish and Wildlife Service en La Crosse, Wisconsin, el líder del estudio, tienen varias hipótesis, incluyendo menores tasas de reproducción y mortalidad adulta. Datos de satélite se utilizará para asignar los hábitats e identificar fenómenos extremos en los Estados Unidos.

Otro estudio intentará explicar por qué está cambiando la distribución de las especies de árboles nativos en el oeste de los Estados y Canadá y por qué algunas especies están muriendo como el clima se vuelve progresivamente más cálido y seco. Los científicos han utilizado modelos informáticos para explicar cómo ambiental destaca han afectado a especies de árboles en el noroeste del Pacífico. El nuevo estudio, dirigido por Richard Waring de Oregon State University en Corvallis, ampliará la investigación a todo el Occidente de las montañas rocosas y 25 especies de árboles nativos, incluyendo aspen y pino de traviesas.

Un proyecto liderado por Mitchell Roffer de océano pesca previsión servicio del Roffer en West Melbourne, Florida, tiene como objetivo mejorar los modelos existentes para predecir el hábitat de desove del atún rojo Atlántico y otros migratorias atún en el Golfo de México. El modelo será evaluar los posibles efectos de los escenarios del cambio climático en el futuro en las poblaciones de peces.

De acuerdo con Turner, el más ambicioso proyecto de escala utilizará un inventario mundial de datos de aproximadamente 1.000 especies, que se fusionó con satélite y observaciones terrestres de medio ambiente y el clima. Estos datos se utilizarán para evaluar el impacto del clima sobre la diversidad biológica durante los últimos 40 años en dos incrementos de 20 años. El estudio, dirigido por Walter Jetz de la Universidad de Yale, se centrará en anfibios, aves, reptiles y mamíferos terrestres.

Para obtener una lista completa de los nuevos proyectos, visite:

http://www.NASA.gov/topics/Earth/Features/climate_partners.html

Para obtener más información acerca de los programas de la NASA y la Agencia, visite:

http://www.nasa.gov/

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“La fotógrafa Rania Matar entra en las leoneras-refugio”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fotógrafa Rania Matar entra en las leoneras-refugio de las habitaciones de adolescentes.

■Ha retratado a 300 muchachas de EEUU y Oriente Medio para el proyecto ‘A Girl and Her Room’ (‘Una chica y su cuarto’).
■Pretende documentar el espacio personal del tránsito hacia la edad adulta.
■”No están listas para entregar su niñez, pero el espejo está siempre ahí: un recordatorio de cómo las ve el mundo exterior”.

Rania Matar es una reconocida y premiada fotógrafa especializada en entrar en territorios sobre los cuales la iluminación es tenue o, en ocasiones, inexistente. Sus fotos son documentales y predominante sobre asuntos relacionados con las mujeres.

Nació en Beirut (Líbano), creció durante la guerra civil de 1975, y se trasladó a los EE UU, donde vive, en 1984. Tras trabajar como arquitecta, descubrió su pasión por la fotografía y ha logrado vivir de ella. También da clases de fotografía documental en el prestigioso Massachusetts College of Art and Design. Todos los veranos se traslada a los campos de refugiados de Líbano para impartir talleres a chicas adolescentes.

Ha firmado proyectos de gran impacto: The Veil (El velo), Forgotten People (Los olvidados), Haiti: Dignity and Poverty (Haití: dignidad y pobreza) y Ordinary Lives (Vidas corrientes). Éste último fue, en 2009, su primer libro monográfico.

El último de sus grandes reportajes es The Girl and Her Room (Una chica y su cuarto), que terminó el año pasado, obtuvo varios premios y está a punto de ser publicado en libro.

Retratos de tweens
Es una idea fascinante (entrar en la intimidad de los cuartos-leonera de chicas adolescentes o en los primeros años de la veintena, la franja de edad que los estadounidenses llaman tween, entre teenager, de 13 a 19, y early twenty, venteañero temprano), que Matar desarrolló a partir de la observación de los cambios que se estaban produciendo en su hija y sus amigas.

“Me fascinaba la transformación que estaba sucediendo, con la edad y la personalidad adultas asomando y las inseguiridades ocupando el lugar del mundo protector en que las chicas habían vivido hasta entonces”, explica.

Los primeros intentos de documentar en fotos el proceso fueron un fracaso. Matar empezó retratando a grupos de amigas: “Eran demasiado conscientes de la presencia de las demás chicas y el sentido de grupo, de pandilla, afectaba a la manera en que deseaban mostrarse en las fotos”.

A partir de entonces decidió limitar las sesiones a una sola chica cada vez.

La habitación se convierte en
una extensión
de la chica¿Cuándo fue el momento de la revelación en que decididió que allí había un proyecto fotográfico para desarrollar?
Mi hija tenía 15 años y me di cuenta de que era muy distinta cuando estaba con sus amigas, casi como si se tratase de una persona diferente. Las chicas parecían querer demostrar que estaban actuando para las demás y cumpliendo las expectativas de las demás. Decidí que debía fotografiarlas una a una. Les pregunté sobre el lugar donde querían hacer las fotos. Un par de ellas eligieron sin dudarlo sus habitaciones. En ese momento supe que tenía el proyecto. Me di cuenta de que la habitación se convierte en una extensión de la chica, pero también de que la chica, como todo lo demás que hay en ese espacio, forma parte de la habitación.

¿A cuántas chicas ha retratado?
A más de trescientas, en los EE UU y Oriente Medio. El proyecto forma parte de mí, lo considero personal y estos dos lugares están hermanados en mi experiencia vital. No pretendo que sea un trabajo documental.

¿Cómo fue su relación con ellas?
Empecé con mi hija y sus amigas, pero me di cuenta enseguida de que sería mucho más provechoso, divertido e interesante construir desde la nada una relación fotógrafa-modelo. Nunca hubo grandes expectativas desde ninguno de los dos lados. La relación se basaba en la diversión, la intimidad y la colaboración. Con cada chica pasé una media de dos horas una vez que ellas entendían la idea.

¿Tomaba usted decisiones o participaba en el vestuario o los objetos con los que aparece cada chica?
Todo lo que aparece en cada una de las fotos estaba de antemano en la habitación. Nunca añadí nada. Lo normal era que no tuviese ninguna idea de antemano… Tras un tiempo con la chica en el cuarto entre ambas decidíamos qué debía aparecer en la foto. Aprendí a descubrir a las chicas a través de sus lenguajes corporales y sus habitaciones… A veces movía algo levemente para mejorar el encuadre, pero no modificaba la habitación. Otras veces eran ellas quienes me sugerían lo que debía aparecer en las fotos. Me encantaba que lo hiciesen… Quería estar segura de que las fotos representasen a las modelos.

Las chicas sienten la presión de un modelo socialUsted sostiene que estas jóvenes “se ven obligadas de pronto a comportarse como adultos. ¿Las presiona la sociedad? ¿Los padres? ¿Se presionan ellas mismas?
No creo que los padres las presionen de una manera consciente. La sociedad sí lo hace. Pero también las presionan sus cuerpos en desarrollo. Puede que todavía piensen como niñas, pero no lo parecen en su aspecto. Es decir, se espera de ellas que se comporten como personas adultas, pero no se sienten adultas. Es una navegación difícil hacia la condición de mujer joven. Los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto retratan a las mujeres de éxito como flacas y bellas. Estas chicas, con sus cuerpos en transformación, sienten la presión de encajar en ese modelo para poder sentirse cómodas consigo mismas.

¿Qué conclusión sacó después de entrar en tantas habitaciones de tweens?
La tensión que mencioné en mi anterior respuesta está presente en todas las habitaciones. Las fotos pegadas en las paredes son de top models, grupos de rock o estrellas de cine, pero las camas están todavía llenas de peluches de su niñez de los que no quieren desprenderse. La mayor parte de las chicas están enganchadas a esos objetos, fotos o sábanas. No están todavía preparadas para entregar su niñez… Y el espejo, siempre presente, como un recordatorio de cómo las ve el mundo exterior.

Las chicas de los campamentos de refugiados tienen espejosLa habitación es un refugio ¿Puede ser también una celda?
La veo más como un refugio, un capullo, un vientre. No me parece que sea una celda, pero quizá es el otro lado de la moneda. Prefiero pensar en la habitación como el lugar tranquilo donde las chicas pueden ser ellas mismas y estar en una zona de comodidad; el lugar que pueden decorar, destrozar, en el que pueden almacenar sus cosas, colgar sus imágenes favoritas y, básicamente, controlar un mundo que parece inabarcable e incontrolable. Incluso en los campamentos de refugiados palestinos, donde las chicas no tienen casi nada en términos de posesiones, conservan ese sentimiento de ser ellas mismas en sus habitaciones, que casi siempre comparten con primos o sobrinos. ¡Y también tienen espejos! Y se preocupan por su aspecto, su ropa y su feminidad…

Una pregunta personal. ¿Cómo era su habitación a los 16 años?
¡Ojalá alguien la hubiese fotografiado! Recuerdo que estaba pintada de color naranja, que tenía un gran oso de peluche y mis posters de estrellas del rock (mi favorito era el francés Johnny Halliday). Tenía mis adorados discos de vinilo y casetes y una verdaderamente única colección de metralla y balas, cortesía de la Guerrra Civil del Líbano.

La mirada,ese gesto tan importante

 

La mirada, ese gesto tan importante

La mirada es un gesto cargado de resonancias anímicas. Los médicos la han utilizado, desde que existe su oficio, como un instrumento de exploración. Por un lado, está la mirada del enfermo que puede en muchas ocasiones mostrar indicios de su padecimiento y, desde luego, se posa siempre en los médicos en demanda de ayuda y en expectativa de adivinar el pronóstico de su enfermedad. Pero es la mirada del facultativo la que cumple esa función instrumental que muchas veces, aun en la época de la sofisticación tecnológica, no puede ser suplida por otros métodos, que con razón se llaman complementarios.

Dr. José Ignacio de Arana Amurrio. Profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

 

 

Siguiendo el diccionario de uso del español de doña María Moliner, mirar es “aplicar a algo el sentido de la vista para verlo”, y mirada, la “acción de mirar”. Pero Moliner destaca un importante detalle al que no aluden otros lexicones, cuando explica el significado de mirada dice que “se considera como algo que sale de los ojos y llega al objeto”. Es un matiz que ya había expuesto Antonio Machado al escribir en sus Proverbios y Cantares que dedicó a Ortega y Gasset: “El ojo que ves/ no es ojo porque tú lo veas,/ es ojo porque te ve.” En cualquier caso, la mirada es la forma en que el hombre se pone en relación con el mundo y, desde luego, con las otras personas, a través del órgano de la visión. Para el gran estudioso de los símbolos Juan Eduardo Cirlot, “mirar, o simplemente ver, se identifica tradicionalmente con conocer (saber, pero también poseer). Por otro lado, la mirada es, como los dientes, la barrera defensiva del individuo contra el mundo circundante: las torres y la muralla, respectivamente, de la ciudad interior.”

Xavier Zubiri,filósofo español.Estudia filosofía en 1919 con Ortega y Gasset:
Naturaleza,Historia,Dios(1943),Sobre la Esencia(1963),e inteligencia sentiente
(3 vol.1980-1983)

 

Ortega y Gasset

A veces, ese gesto tan cargado de resonancias anímicas puede suscitar en quien lo recibe una emoción incomparable con otras actitudes. Petrarca crea la nueva lírica del Renacimiento inspirado por Laura con la que, confiesa, no cruzó más que una sola mirada en toda su vida. Bécquer, en una de sus primeras Rimas, ofrece “por una mirada, un mundo”. El lector aficionado al cine recordará, sin duda, la seductora imagen de la mirada perdida de Greta Garbo en la escena final de la película “La Reina Cristina de Suecia” que Rouben Mamoulian rodó en 1933. Richard Wagner hace uso de la mirada entre los protagonistas de su “Tristán e Isolda” para establecer entre ellos un acto de reconocimiento y de comunicación absoluta. Y así, podríamos seguir poniendo ejemplos de miradas subyugadoras; ni una palabra, sólo unos ojos a través de los que se vuelca todo un mundo interior.

Puestos a buscar miradas singulares es necesario detenerse en la de los niños. Éstos, desde sus primeros meses de vida, cuando el desarrollo de la retina y de las vías de transmisión óptica lo permiten, y hasta que acaba el período que se denomina de la primera infancia, miran siempre directamente a los ojos de la persona que tienen frente a sí, incluido el pediatra que los explora o alguien a quien no han visto nunca antes. Es un detalle que suelo hacerles observar a los alumnos que se inician en las prácticas de mi especialidad médica. El niño fija sus ojos en los nuestros y nos damos cuenta de que no sólo está dándonos a conocer sus sentimientos sino de que está atento a captar en cada instante los nuestros. Nada se puede ocultar a esa mirada diáfana,inapelable del niño. Por eso, aunque muchos médicos no pediatras no piensen así, nuestra actitud y nuestra propia mirada en su presencia han de ser exquisitamente cuidadas; nos están analizando tanto o más que nosotros a ellos. La mirada de un niño es la imagen más perfecta de la inocencia, de la falta de malicia, pero, a la vez, una tremenda y permanente interrogación hacia nosotros; nos pregunta constantemente por todo, es el signo de una voracidad por saber que es obligación de los adultos saciar y hacerlo con sinceridad. No es fácil, no, resistir a veces la mirada cándida pero exigente de los niños; los ojos de un niño son los más tremendos testigos del mundo adulto que le rodea, testigos que quizá no comprenden lo que ven pero que, por una suerte de magia que sólo tiene la niñez, serán terribles acusadores de nuestras malas acciones –y por eso pagan tantas veces con el maltrato ese testimonio- o el mejor premio cuando se embellecen todavía más con una sonrisa ante nuestra actitud para con ellos.
¿Existe algún espectáculo más bonito que ver la mirada sorprendida y excitada de un niño la mañana del día de Reyes?

Es un dato pediátrico de primera magnitud –que no se suele enseñar en las clases- el saber que uno de los indicios más fiables de enfermedad en un niño es la pérdida o disminución de la habitual vivacidad de su mirada. Los ojos tristes de un pequeñín – aun de un lactante de pocos meses- nos deben servir de alerta de que algo no funciona como es debido en ese organismo.
El niño mayor y una gran parte de los adultos pierden o escamotean aquel signo de relación. Efectivamente, qué pocas personas miran a los ojos de su interlocutor tanto cuando le escuchan como, sobre todo, cuando son ellas las que hablan. El punto hacia el que un individuo desvía la mirada al contestar una pregunta que roza su intimidad, cuando no mira de frente a quien la formula, es un acto inconsciente pero, sin embargo, de gran valor proyectivo como bien saben los psicólogos dedicados a la selección de personal mediante entrevistas con los candidatos, y también quien se ocupa de psicología clínica y forense. Los ojos dirigidos hacia arriba y a la derecha en los instantes previos a responder significan, según rigurosos estudios de este campo, sinceridad en el proceso mental que transcurre en la mente del sujeto y, por tanto, en la contestación; hacia arriba y a la izquierda, advierten de una más que probable elaboración de la respuesta que se traducirá en alguna forma de falsedad de ésta.

En el habla española la mirada entra a formar parte de muchas expresiones que requieren muy poca o ninguna explicación para quienes nos relacionamos en esta lengua, pero que a menudo son entendidas con dificultad por los que piensan y se expresan en otro idioma. Valgan unos pocos ejemplos.

Mirada de reojo, de soslayo
(“… Y luego, incontinente,/ caló el chapeo, requirió la espada,/ miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.”, escribe Cervantes en su célebre soneto al Túmulo del Rey Felipe II); mirada furtiva, huidiza, perdida, penetrante, cálida, tibia o fría; mirar por encima del hombro, de arriba abajo; devorar con la mirada, sostenerla; y algo tan sutil en su interpretación como mirar mal a alguien y que, sin embargo, ha provocado y sigue haciéndolo en esta España nuestra graves altercados, a veces hasta teñidos de sangre, entre gentes que parecen imitar el ejemplo goyesco de la trifulca a garrotazos.

Los médicos utilizamos la mirada, desde que existe nuestro oficio, como un instrumento de exploración. Por un lado está la mirada del enfermo que puede en muchas ocasiones mostrar indicios de su padecimiento y, desde luego, se posa siempre en nosotros en demanda de ayuda y en expectativa de adivinar el pronóstico de su enfermedad. Pero es nuestra propia mirada la que cumple esa función instrumental que muchas veces, aun en la época de la sofisticación tecnológica, no puede ser suplida por otros métodos que con razón se llaman complementarios. Entre los procedimientos canónicos de la exploración clínica –con demasiada frecuencia minusvalorados en la enseñanza académica y en la práctica asistencial actuales-, la inspección ocupa por algo el primer lugar. El médico, una vez realizada la más completa y exacta anamnesis y antes siquiera de utilizar sus manos, mira, observa e inicia con ello todo el proceso mental que le habrá de conducir hacia el diagnóstico. Los libros clásicos de propedéutica –vaya desde aquí mi recuerdo agradecido al del Profesor don José Casas y al Noguer y Molins que tanto manoseé en la Facultad- dedicaban amplios capítulos a este método de la inspección. Mirar al enfermo, desnudo de ropa y de muchos de sus prejuicios ante nuestros ojos, se erige en un acto de especial confianza entre ambos protagonistas, en un peculiar diálogo sin palabras. El médico siente sobre sí los ojos ansiosos, confusos, avergonzados quizá, inquisitivos siempre, del paciente; y éste los avezados, exploradores profesionales e instruidos del médico, que recorren su cuerpo, su intimidad, buscando señales como quien se pone por primera vez delante de un texto hermético al que hay que buscarle un significado oculto más allá de lo que aparece a simple vista. En esos primeros momentos, el médico debe ofrecer una imagen de seguridad, de saber lo que busca, si no quiere que el paciente comience a incomodarse. Además, la mirada del médico debe inspirar benevolencia y respeto hacia el enfermo que de ese modo ha hecho abdicación de su natural pudibundez ante él. El paciente ha de sentirse, decía antes, protagonista del momento pero, sobre todo, objeto único del interés y del saber curador del médico. Tres profesionales de la larga lista de grandes maestros del saber hacer médico que hemos tenido en España han dedicado referencias a esta actitud. Letamendi decía que el médico se debe sentar a la cabecera del enfermo “en actitud de poder ser retratado”; de poder ser retratados los dos, debió de añadir el autor. Marañón aconsejaba que al explorar a cualquier paciente, por humilde que éste fuera, se sintiese “como si el médico estuviera explorando al rey”. Laín Entralgo escribió amplísimos textos sobre la importancia de la mirada exploratoria en su libro “La relación médico-paciente” y en muchos otros de sus libros de obligada lectura para quien se considere a sí mismo como un profesional de la salud integral humana y no un mero biólogo especializado en el hombre como ser vivo.

La mirada del médico, pues, es tan importante por lo que mira como por la manera en que lo mira y en su caso se hace realidad la definición de María Moliner a que aludí más arriba: “algo que sale de los ojos y llega al objeto”.

Por supuesto que la acción de la mirada no se agota en el procedimiento de la inspección física. Durante el resto de la actuación del médico frente al enfermo continuará siendo primordial que aquél mire a éste: en el resto de la exploración, al comunicarle el diagnóstico, cuando indica una prescripción terapéutica y, más que nunca, al emitir un juicio pronóstico, lo que interesa y preocupa más al paciente y a sus allegados. Una vez más habrá que resaltar también la importancia de que, en todo caso, el médico mire directamente a los ojos de su interlocutor; la mirada huidiza desconcierta y hace desconfiar al paciente, algo imperdonable en una relación que desde los orígenes de la medicina se ha basado precisamente en la confianza.

Acabo de hablar de la mirada del médico que, junto con la de la madre hacia el hijo y la de la persona amada, constituye una fuente de seguridad para el individuo, y ahora toca referirse a otro tipo muy diferente de miradas: las amenazadoras, peligrosas o directamente dañinas. Este grupo, es bien cierto, se encuentra agazapado en el amplio y misterioso mundo de la fantasía, de la superstición y hasta del folclore, pero, desde luego, pertenece al imaginario popular tan influyente, aun sin quererlo ni acaso saberlo, en nuestra vida cotidiana de gentes de la era positivista. Carl Gustav Jung estudió muy a fondo ese mundo y cómo aflora por doquier y nos habló de arquetipos y de inconsciente colectivo en su obra psicoanalítica creando, a mi juicio, la más sugestiva de estas escuelas.

El mal de ojo es una creencia extendida entre los hombres desde la más remota antigüedad. También es conocido como fascinación, del latín fascio, que vale por envolver, fajar, vendar o ligar, pues eso es lo que consigue con el espíritu y el cuerpo del aojado la mirada maléfica. El pequeño círculo negro situado en el centro del iris, por donde penetra la luz y con ella las imágenes, se denomina en la mayoría de los idiomas con una palabra que significa “muñequita” o “niña pequeña” –pupilla en latín, niña en castellano– y esa unanimidad ha de tener alguna explicación. La pregunta se la hicieron también Sócrates y Platón, y Alcibiades lo explicó así: “Si alguien mira de cerca un ojo, ve en él su rostro como en un espejo y sucede que es la imagen en miniatura del observador”. En realidad, donde se refleja la imagen es en la córnea que es como un pequeño cristal convexo. Por esa comprobación de que a través de los ojos puede entrar físicamente una persona en el cuerpo de otra es por lo que surgió la idea del aojamiento.

Es, quizá, una modificación de los aún más viejos mitos sobre el poder dañino de la mirada de ciertos animales como el dragón y en especial el basilisco, ser híbrido nacido de un huevo sin yema puesto por un gallo e incubado por una serpiente o por un sapo sobre el estiércol; se le describía, según Cirlot, como animal de cola trífida en la punta, ojos centelleantes y corona en la cabeza (su nombre alude a la palabra basileum que significa rey). Se creía que mataba sólo con mirar, por lo cual solamente se le podría dar muerte viéndolo reflejado en un espejo colocado ante sus propios ojos.

Contra el mal de ojo se han elaborado a lo largo de la historia múltiples “remedios” que la persona debe poner sobre su cuerpo para evitar el efecto de la fascinación. Los más populares son los espejitos en donde se reflejará la mirada maligna que irá a recaer en su productor. Este sencillo artilugio lo lucen muchos trajes típicos, tanto masculinos como femeninos, aunque son más frecuentes en el sombrero de las mujeres, en España y en el resto de Europa. Con el fin de “distraer” el maleficio se emplean amuletos cromáticos consistentes en colocar en lugar bien visible de la persona –especialmente de los niños, los seres más susceptibles e indefensos a estos ataques- algo que concentre la primera mirada, que es la dañina, del aojador sobre ello desviándola del resto de la víctima y “descargando” de esa forma su virulencia. De ahí los lazos de vistosos colores en la cabeza de los niños, sujetos con un prendedor a su escaso pelo de recién nacidos, que se usaron y se siguen usando por muchas familias.

Pero, de todos los “remedios”, el que parece tener mayor predicamento es la higa, esa mano cerrada en puño con el dedo pulgar asomando entre el índice y el dedo corazón en un gesto de claro simbolismo sexual, que asemejando una penetración invoca el principio de la vida que anula las fuerzas del mal. El color llamativo y el poder de la higa se combinan cuando ésta se elabora con coral rojo, si bien tienen asimismo mucho efecto, según quienes entienden de esto, los de azabache. Para los interesados en este asunto debo recomendarles la obra “El mal de ojo. Historia, clínica y tratamiento”, del doctor Fulgencio Alemán Picatoste, que constituyó su “Discurso de Ingreso” en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Murcia y que es un profundo tratado sobre la cuestión, además de un texto de muy agradable lectura que nos muestra la perdurabilidad de estas creencias y explica el origen arcano, pero natural al fin, de las mismas. Igualmente recomendable por las mismas razones es el “Discurso de Ingreso” en la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas del doctor Ángel Rodríguez Cabezas titulado “Las supersticiones, reliquias olvidadas de folclore”.

Como colofón a este rápido repaso sobre algunos aspectos de ese acto humano de mirar, quiero traer aquí unos versos que para mí son de los más hermosos de la literatura española de todos los tiempos y que quizá sintetizan como ningún otro texto lo que una mirada puede hacer y, sobre todo, lo que esperamos de ella. Son el “Madrigal”, escrito en el siglo XVI por el poeta castellano Gutierre de Cetina:

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos sois a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

La mirada del fotógrafo,esta foto fué valorada y premiada.

Margarita de Habsburgo,sexualidad de trágicas consecuencias

 

 

 

Margarita de Habsburgo, sexualidad de trágicas consecuencias

Algunas personas de líbido exaltada han desempeñado con su forma de ser un papel fundamental en determinados momentos de la Historia. El denominado hambre sexual adquiere un protagonismo extraordinario en el comportamiento y concita a su alrededor el resto de la conducta. Son sujetos que parecen vivir por y para satisfacer su deseo, supeditando a este logro cualquier lance de su existencia, a veces llegando a torcer abruptamente una trayectoria histórica que la providencia parecía haber trazado en línea recta. Este es el caso de Margarita de Habsburgo, hermana de Felipe el Hermoso, que contrajo matrimonio con el Príncipe Don Juan, dos jóvenes sujetos a la máxima fogosidad de sus instintos sexuales recién despertados, cuyos actos tuvieron trágicas consecuencias.

 

No todo es mensurable en la naturaleza y desde luego no lo son las manifestaciones de ciertas pulsiones fisiológicas como es el caso de la sexualidad. En algunas personas la líbido se mantiene dentro de unos límites que vienen dados por la educación, las condiciones sociales en que el individuo se desenvuelve, los criterios morales en que se enmarca en cada cultura la práctica sexual, o la propia capacidad orgánica para el ejercicio de la misma.

En otras, la sexualidad se reprime de forma voluntaria, la castidad, o forzada por circunstancias que cohíben la libre expresión del deseo. En un tercer grupo, por fin, el denominado hambre sexual adquiere un protagonismo extraordinario en el comportamiento y concita a su alrededor el resto de la conducta. Son sujetos de ambos sexos que parecen vivir por y para satisfacer su deseo sexual, supeditando a este logro cualquier lance de su existencia. Si los primeros son sin duda los más numerosos, los individuos de este tercer grupo son los que más llaman la atención, y si no, que se lo pregunten a los millones de espectadores que día tras día y noche tras noche se apalancan inamovibles ante el televisor para asistir a la exposición pública y sin tapujos de ninguna clase de lo que debieran ser intimidades. Sus ídolos, amados o repudiados con pasión digna de mejor causa, son hombres y mujeres que han hecho de su actividad sexual y de su divulgación un modo de vida, muy lucrativo.

Algunas de esas personas de líbido exaltada han desempeñado con su forma de ser un papel fundamental en determinados momentos de la Historia, a veces hasta han llegado a torcer abruptamente una trayectoria histórica que la providencia parecía haber trazado en línea recta.

Margarita de Habsburgo (1480-1530), hermana de Felipe el Hermoso, era hija de Maximiliano I, Emperador de Alemania y de María, Duquesa de Borgoña, un pequeño territorio al nordeste de Francia que no había dejado de intervenir en la política europea desde hacía varios siglos amparándose en su estratégica situación geográfica, en su pujante economía y, también, en la rara sucesión de preclaras inteligencias con gran habilidad para la intriga que se dio entre sus gobernantes a lo largo de ese tiempo.

En el siglo XV, como en muchos de los siguientes, esa política continental se dirimía en las cancillerías y en los apaños conyugales tanto o más que en los campos de batalla. Los matrimonios, absolutamente apalabrados por intereses del todo ajenos al posible amor, y ni siquiera atracción física de la pareja, eran, de hecho, la principal garantía de alianzas entre reyes, como a veces de enemistades que terminaban en enfrentamientos armados. Todos los monarcas de Europa jugaban sus bazas en esa partida en que las cartas eran jóvenes, incluso niños, que permanecían ajenos a los altos designios de sus progenitores hasta que llegaba el cara a cara y el cuerpo a cuerpo de esos envites humanos. Cada jugador ponía sobre la mesa sus poderes y sus ambiciones y así se concertaban matrimonios o se deshacían promesas de los mismos. Entre los gobernantes que más practicaron con sus hijos este tipo de uniones de conveniencia estaban los Reyes Católicos de España. Precisamente ellos, Isabel y Fernando, que constituían uno de los raros ejemplos de unión por amor, saltándose esas conveniencias en su momento y los consejos de sus asesores, aunque luego las circunstancias favorecieron también el éxito político de lo que fue en un principio el “flechazo” entre dos príncipes con sendos graves problemas personales en sus respectivos reinos.

El casi continuo enfrentamiento con Francia llevó a los reyes españoles a buscar una firme alianza con Borgoña, un verdadero tábano en el costado del país vecino. Para los borgoñones también se trataba de un buen negocio.

Castilla y Aragón unidos, con la reciente expulsión de los musulmanes de la Península y la casi simultánea apertura de unos horizontes insospechados más allá del océano, con territorios en Italia propiedad de Fernando, eran los reinos con más futuro de toda Europa. En ese festín querían tomar parte los tan inteligentes como ambiciosos Maximiliano y María Isabel, la hija primogénita de Fernando e Isabel, y heredera de los reinos hasta el nacimiento de su hermano Juan. Se había casado con el príncipe Alfonso de Portugal, heredero de aquel trono y, al morir su esposo a la temprana edad de diecisiete años tras caerse del caballo, contrajo nuevo matrimonio con el hermano de aquél que reinó con ella en Portugal como Manuel II. Como se ve, los Reyes Católicos no desatendían ningún frente, a otra hija, Catalina, la casaron con el príncipe Arturo de Inglaterra y después, con su hermano Enrique VIII, aunque esto, como diría Kipling, es otra historia.

En el momento de concertar los tratos matrimoniales con Borgoña había dos hijos por cada parte en disposición de hacerlo. En España, el heredero, Príncipe Don Juan, y Juana, tercera en la línea de sucesión detrás del propio Don Juan y de Isabel, ya “colocada” en Portugal. En Borgoña –no en el Imperio, pues su máxima magistratura no era hereditaria sino electiva– estaban Felipe, que ya era conocido con el apelativo de el Hermoso, por sus agraciadas facciones y el donaire de carácter del que hacía gala, y Margarita, que no le iba a la zaga en buena dotación de encantos físicos. Mejor dos que uno debieron de pensar los padres y así, se apalabró a la vez el enlace de ambas parejas en 1496. Los matrimonios se celebraron, como era costumbre, por poderes antes de que los contrayentes se hubieran visto jamás personalmente.

En marzo de 1497, Margarita desembarca en Santander y pocos días después, el 3 de abril, se celebra la boda en la catedral de Burgos, actuando de celebrante el Cardenal Cisneros, con el máximo acompañamiento de personalidades de la nobleza y seguida de esplendorosas fiestas palaciegas y populares. Don Juan tenía diecinueve años sin cumplir, la novia, diecisiete. En ese tiempo eran edades adultas para un hombre y una mujer cuando la esperanza de vida no sobrepasaba de media los cuarenta años. Pero, desde un punto de vista estrictamente fisiológico, eran apenas dos jovencitos apurando la adolescencia y, como es lógico, sujetos a la máxima fogosidad de sus instintos sexuales recién despertados, con las hormonas y sus efectos en plena ebullición.

No puede extrañar que los recién casados pasaran de inmediato a cumplir, no lo que la diplomacia había tramado en silencio, sino lo que sus cuerpos les pedían a gritos. El encuentro amoroso fue explosivo y los jóvenes no se dieron descanso durante varios días en los que no se preocuparon de aparecer por los salones donde se festejaba su matrimonio. Los criados dejaban discretamente los alimentos en la puerta de la alcoba principesca y retiraban con igual discreción las inmundicias que la esclavitud de la carne no excusaba ni a tan altos señores. Pasados esos primeros días de alborozo sexual hubiera sido de esperar que los cónyuges espaciaran sus tórridos encuentros de cama, pero no fue así. Margarita había descubierto los placeres de la sexualidad y se entregó a ellos con entusiasmo, y don Juan no la defraudaba en ningún momento, a pesar de que su organismo empezó pronto a resentirse.

Margarita poseía la salud y la energía física que caracterizaron siempre a su estirpe borgoñona, cuajada de hombres vigorosos y de mujeres paridoras de grandes proles, un cuerpo de porcelana recubría a un organismo de hierro.

Además, igual que su hermano, estaba educada en una corte donde las fiestas y los placeres de todo tipo eran una constante diaria, por lo que ese cuerpo le pedía alegrías y en la austera corte española éstas casi se reducían a las que podía encontrar en el lecho con un marido amante y deslumbrado. Don Juan, por su parte, se formó al lado de sus padres quienes, siempre agobiados por los mil problemas de la difícil gobernación de los reinos, no eran, desde luego, un ejemplo de reyes festivos. En cambio, el heredero de Castilla y de Aragón recibió la más esmerada de las educaciones en asuntos políticos y en la cultura renacentista. Junto a los Reyes Católicos, en su corte itinerante, se encontraban algunos de los más destacados intelectuales de la época, humanistas de la talla de Antonio de Nebrija y, sobre todo, el italiano Pedro Mártir de Anglería, verdadero consejero áulico de Doña Isabel para cuestiones culturales que ella consideraba tan importantes como las políticas en un buen gobierno.

Don Juan había sido solemnemente investido caballero en la misma Vega de Granada durante los estertores finales de aquella guerra, teniendo como padrinos de armas al Duque de Medina Sidonia y al Marqués de Cádiz. Asistió a la entrega de la ciudad por Boabdil en el último acto de la Reconquista, estuvo de pie junto a sus padres en la recepción que éstos hicieron a Cristóbal Colón en el Salón de Ciento de Barcelona a su regreso del Descubrimiento, apadrinó a varios de los indios traídos por Colón en ese viaje cuando fueron bautizados en el Monasterio de Guadalupe, y, en fin, a sus años, sus mayores distracciones eran leer, estudiar, montar a caballo y participar en justas caballerescas con hombres que le doblaban o triplicaban la edad. Al tiempo que se desarrollaba intelectualmente y en sobrias artes de gobierno, su salud no era muy buena y era motivo de preocupación para su madre, una mujer que siempre gustó de ejercer como gallina clueca de sus hijos, reservándoles un tiempo y una atención que sabía compaginar con las tareas de reina y con la discreta vigilancia de las muchas actividades extraconyugales de Fernando.

Al llegar la boda de Burgos se encontraron dos instintos sexuales a tope pero encerrados en cuerpos de bien distinta complexión. De que aquella constante efusividad sexual podía derivar en serios perjuicios para la enteca salud del príncipe, se dieron cuenta enseguida los sensatos cortesanos de Doña Isabel, y así se lo dijeron a la reina con el apoyo del testimonio de varios médicos.

Pero ella estaba imbuida de unas profundísimas convicciones morales cristianas y a quienes la aconsejaban que separase por una temporada siquiera a los cónyuges, les respondía con las palabras de la liturgia matrimonial: “Lo que ha unido Dios, no lo separará el hombre”. Y no permitió que nadie se inmiscuyese en la vida sexual de su hijo y de su legítima esposa, aunque muy probablemente, porque era muy inteligente y era madre, albergase la misma inquietud en el fondo de su corazón. Pedro Mártir de Anglería, uno de los que habían hablado a doña Isabel en ese sentido sin obtener resultado, escribía por esas fechas una carta al Cardenal de Santa Cruz y en ese texto afirmaba, refiriéndose a la reina: “La ensalcé por constante, sentiría tener que calificarla de terca y excesivamente confiada.”

Don Juan se consumía a ojos vistas, pero mantenía la actividad sexual sin decaimiento de ánimo y de deseo por más que la salud le diera avisos en forma de enflaquecimiento del cuerpo y frecuentes vahídos de la mente. En septiembre de 1497, los príncipes visitaron Salamanca que se engalanó en fiestas para recibirlos. Durante esa estancia Don Juan enfermó de extrema gravedad y el día 4 de octubre, seis meses justos después de haber contraído matrimonio, dictó su testamento declarándose “enfermo de mi cuerpo e sano de mi seso e entendimiento cual Dios me lo dio”. Murió tres días más tarde.

Las fiestas se tornaron en luto en Salamanca y éste cubrió toda España. La tragedia de los herederos españoles malogrados a lo largo de la Historia, cuestión que daría para llenar varios libros, escribía otro capítulo. El dolor de Doña Isabel fue terrible, pero una vez más demostró una increíble entereza de ánimo que fue una de las características fundamentales de su temperamento y de su actividad pública y privada. Lloró al hijo en la más estricta intimidad, lamentó la pérdida del heredero de una nación forjada por su mano con enorme esfuerzo, pero la vida tenía que seguir y el pulso no podía temblarle. Mandó construir para Don Juan, en el Monasterio de Santo Tomás en Ávila, el más maravilloso sepulcro que hubieran conocido los siglos y el artista italiano Doménico Fancelli esculpió en alabastro una obra excepcional que todavía asombra por su belleza a quienes se acercan a los pies del altar mayor de esa iglesia castellana.

Como siempre sucede en estos casos, los rumores sobre un posible envenenamiento del príncipe corrieron como el viento por el reino. Pero duraron poco. La gente conocía de sobra el género de vida que habían llevado los príncipes y todos en España fueron de la opinión de que esos excesos sexuales habían sido la cusa principal, si no la única, de la enfermedad y muerte de don Juan. Si miramos la cuestión retrospectivamente con criterios médicos tendremos que estar de acuerdo en gran parte con ese juicio de los contemporáneos. Ciertamente el sexo, por muy ardiente e incansable que sea su práctica, no mata de manera directa a un individuo, pero sí es capaz, en esas condiciones, de debilitar un organismo ya de por sí enfermizo como debía de ser el del príncipe. Ya han pasado los tiempos en que desde el púlpito y el confesonario se nos avisaba de los graves perjuicios que para la salud conllevaba casi todo lo relacionado con la actividad sexual, sobre todo si ésta se efectuaba en solitario o sin la cobertura sacramental del matrimonio. Era una época, que alcanza hasta la juventud de muchos de nosotros, donde el sexo en esas condiciones era presentado con imágenes sobrecogedoras de enfermedades cutáneas, “reblandecimiento de la médula” (terrible e ignorada patología que nunca llegamos a entender pero que asustaba lo suyo), ceguera o locura. En realidad, esos intimidatorios predicadores estaban “cogiendo el rábano por las hojas” y aludían a algunos males ciertos derivados de la práctica sexual, las conocidas como enfermedades venéreas, una verdadera lacra social que todavía pervive, pero de la que no tiene la culpa la sexualidad sino que son procesos infecciosos que se extienden por esa vía de contagio. Lo que seguramente llevó a la muerte al Príncipe Don Juan fue una suma de factores: era un muchacho feble, quizá afectado por algún proceso crónico pulmonar como la tuberculosis, tan frecuente destructora de vidas jóvenes hasta casi ayer mismo, con pocas reservas físicas por haber transcurrido su corta vida si no entre algodones, sí con poco ejercicio, exceptuando aquellos torneos como de juguete a los que se prestaban para divertirle los caballeros cortesanos de sus padres. Y, eso no se puede negar, el desgaste físico de sus relaciones sexuales desmesuradas. Ante un paciente con alguna enfermedad debilitante o en un estado de agotamiento por cualquier razón, los médicos siempre han recomendado, junto a los medicamentos de que dispone la farmacopea de cada época, el reposo como uno de los remedios coadyuvantes para la curación, y en ese reposo se incluye el sexual, puesto que el consumo de energía y la sobrecarga para el sistema cardiovascular durante una relación de este tipo es superior al soportado en un ejercicio físico de intensidad más que mediana, según se ha comprobado modernamente con meticulosos estudios. En resumen, Don Juan era muy probablemente enclenque y enfermizo y la fogosidad con Doña Margarita no hizo más que rematar la faena.

Es interesante destacar, porque es un dato que quizá apoya esa idea de endeblez física del sujeto, que a pesar de las relaciones sexuales tan asiduas desde el primer día, Margarita no quedara embarazada sino muy poco tiempo antes de la muerte de su marido. En el curso de casi seis meses no hubo relación fecunda.

No es una situación excepcional, incluso en parejas sanas que acuden preocupadas a la consulta médica antes de ese plazo con la ansiedad de creerse estériles, pero tampoco demasiado frecuente y ocasionalmente, puede hallarse algún problema, aunque sea de menor cuantía, en uno de los dos. Puede tratarse de que la mujer tenga ciclos anovulatorios, periodos en los que no se produce salida de óvulo en el ovario, o de que el varón padezca algún trastorno en la producción o, más habitualmente, en la movilidad de los espermatozoides, o simplemente, y aunque parezca extraño, que la naturaleza se tome su tiempo para cumplir con la función reproductora por motivos que aún hoy se nos escapan.

El caso fue que Margarita estaba encinta cuando la tragedia de Salamanca y durante unos meses se mantuvo en toda la nación, pero muy especialmente en el ánimo de los reyes, la esperanza de una sucesión. No pudo ser y la princesa acabó pariendo una criatura muerta con lo que se cerraba esa línea dinástica que hubiera sido la normal. Margarita, una vez concluida definitivamente la misión que la había traído a España –la misión entonces de todas las mujeres, reinas, princesas, nobles o plebeyas no era otra que la de dar hijos a sus maridos-, regresó a su tierra flamenca donde en 1501, el año en que nacía el futuro Emperador Carlos, contrajo matrimonio con el Duque Filiberto de Saboya en un nuevo arreglo de cancillería de su padre, el intrigante Maximiliano. De esta unión, que duró apenas tres años y de cuyos detalles amatorios nada sabemos, no hubo tampoco fruto y la doblemente viuda, con sólo veinticuatro años, iba a cambiar por completo su vida. Sentó, por así decirlo, la cabeza y el resto de su cuerpo y cumplió misiones políticas y de gobierno muy importantes, como la regencia de los Países Bajos durante la minoría de su sobrino Carlos y luego la gobernación de los mismos en las largas ausencias de éste cuando fue rey efectivo de aquellos territorios. Su labor de gobierno ha sido considerada como extraordinariamente eficaz y provechosa para el reino por todos los historiadores, lo que permite, en un ejercicio de imaginativa y vana ucronía, suponer lo que hubiera podido ser su reinado en España al lado de un don Juan vigoroso: el mundo entero sería hoy completamente distinto a como lo conocemos, configurado por los sucesos posteriores.

John Hunter,cirujano innovador y naturalista

John Hunter, cirujano innovador y naturalista

A mediados del siglo XVIII se disolvió definitivamente la Compañía de Barberos y Cirujanos, un gremio que tuvo mucho que ver con el desarrollo de la Medicina en general, y la Cirugía en particular. Un mismo individuo para afeitar, sacar dientes o realizar sangrías. En esa época, en Londres, John Hunter (1728-1793) se convirtió en uno de los cirujanos con mayor prestigio de la historia. Conocido como “padre de la Cirugía científica” -la situó al mismo nivel que otras disciplinas médicas-, John Hunter fue más que eso: patólogo, dentista y naturalista en sentido amplio. Pero, fundamentalmente, fue un hombre de ciencia.

 

Ana M. Correas. Doctora en Biología. Museo Nacional de Ciencias Naturales

El Museo Hunter de Londres, que fue reabierto en febrero de 2005, acoge lo que queda de la colección que el cirujano escocés John Hunter inició hace más de 200 años. Son más de 3.000 preparaciones de anatomía, anatomía comparada y patología, así como ejemplares de historia natural, fósiles, instrumental quirúrgico (hace un recorrido por la evolución de la Cirugía desde el antiguo Egipto hasta la actualidad) y obras de arte adquiridas por el propio Hunter y por el Colegio tras su muerte.

La colección fue adquirida por el gobierno británico en 1799, quien la cedió a la Compañía de Cirujanos. Esta última decidió quedarse con ella a cambio de que la corona le otorgase el título de Real Colegio. Desde 1806, la colección se encuentra en la sede londinense del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra.

John Hunter no fue un coleccionista compulsivo, aunque en su casa se encontrasen, objetos muy diferentes: vestidos y ornamentos esquimales, flechas, dagas, armaduras, pinturas o esculturas… Pero también existían numerosos ejemplares de historia natural (fósiles, el feto de un canguro o peces eléctricos), o preparaciones patológicas (huesos fracturados, cráneos en los que se pueden apreciar los signos de la sífilis), que se entremezclaban con los resultados de algunos de sus experimentos (la cabeza de un gallo con un diente humano implantado en su cresta). Todos estos ejemplares, y otros muchos que fueron destruidos en los bombardeos de las tropas alemanas en 1941, convirtieron a la colección Hunter en la más importante de su tiempo. No era una simple exhibición de ejemplares, sino que reflejaba las teorías de su fundador, en particular las adaptaciones continuas de las estructuras a su función.

A pesar de sus orígenes poco prometedores, era el menor de 10 hermanos y, todo apunta a que fue el favorito de su padre y de su madre, mimado y mal estudiante, Hunter destacó por encima de otros muchos profesionales de la Cirugía. Con 20 años, tras vivir un tiempo con una de sus hermanas y trabajar como carpintero con su cuñado decidió marchar a Londres donde residía su hermano William, médico de cierto prestigio y buenas relaciones sociales, para ayudarle en su escuela de anatomía, fundada en 1746. En cuanto John llegó a Londres, William probó y comprobó su pericia con el bisturí.

De entre los numerosos cirujanos y anatomistas que, por entonces existían en Londres, las clases de mayor prestigio eran las de William Hunter. Las anunciaba como “clases de anatomía a la manera parisina”, es decir, con la posibilidad para los alumnos de diseccionar cadáveres1.

Durante los 12 años que trabajó con su hermano, John calculó que había asistido a la disección de más de 2.000 cadáveres2. William no tenía conexión con ningún hospital, de manera que las dificultades para obtener los cadáveres necesarios para sus clases eran aún mayores que para otros médicos. John jugó un papel fundamental en estas labores. Sus maneras, menos refinadas que las de su hermano, le permitieron relacionarse con un submundo de gran interés para los médicos y cirujanos de la época los “ladrones de tumbas o resurreccionistas”.

Desde la fundación, en 1540, de la Compañía de Barberos y Cirujanos los cuerpos para las disecciones eran obtenidos en el patíbulo. Acabar en la mesa de disección de un cirujano formaba parte de la condena a muerte. Sin embargo, el número de cuerpos que podían obtenerse de forma legal no era suficiente. Sólo seis al año. En consecuencia, rápidamente creció un negocio floreciente: los cadáveres eran robados directamente de los cementerios y vendidos a los médicos, ávidos de cuerpos que poder utilizar en sus clases de anatomía. El problema fue tan grave que, en distintos lugares de la ciudad, se construyeron torres de vigilancia junto a los cementerios. También los “cofres de hierro”, donde se introducía el ataúd de madera que albergaba el cuerpo, se utilizaron para disuadir a los “resurrecionistas”, quienes eran capaces de extraer el cadáver de su tumba sin prácticamente remover tierra.

En 1760 John se alistó como cirujano en la armada. Su periplo de tres años le llevó, en primer lugar a Belle-Ile, isla cercana a la Bretaña francesa. Sin embargo, sus labores como cirujano no le impidieron

realizar estudios sobre la historia natural de los lugares que visitaba, incluida la geología. También realizó observaciones sobre el oído en los peces o la regeneración de la cola en lagartijas. Su interés era claro: comprendió que el conocimiento sobre el origen y desarrollo de las enfermedades, algo prácticamente inexistente en esos momentos, pasaba por entender la naturaleza y función de los tejidos en estado sano, y no sólo en el ser humano, sino en todos los seres vivos. Todos los resultados de sus investigaciones se convertirían en obras de referencia de la literatura científica de la época.

A su regreso, John pasó a ejercer como cirujano particular. Ya no trabajaba con su hermano William y, en 1775, anunció su propio curso de “Principios y Práctica de Cirugía”, que impartió hasta su muerte. Entre algunos de sus alumnos se encontraron Edward Jenner y Sir Astley Cooper. Con el primero mantuvo una correspondencia que duró años y en sus cartas siempre le aconsejaba “No pienses, experimenta”.

En 1764 John había comprado terrenos a dos millas de Londres, en un lugar conocido como Earl´s Court y construido una casa con el fin de seguir realizando sus experimentos.

Esta casa fue testigo de peleas entre John y sus animales y distintos experimentos, como la congelación con el fin de determinar la producción de calor en plantas o animales. Pero también de un hecho un tanto extraño. En una noche de junio de 1783, como si de un ladrón se tratase, John llegó a la casa con una carga especial. Era el cadáver de Charles Byrne (u O’Brien), el “gigante irlandés”, por el que pagó 500 libras (unas 30.000 libras actuales) a los “custodiadores”. Estos habían sido contratados por el propio O´Brien para evitar que fuese a para a la mesa de disección de algún cirujano. Hunter fue el único de entre una “tribu de cirujanos” capaz de hacerse con el cuerpo de O´Brien. Esa misma noche lo coció en un balde. Sin embargo, John mantuvo su éxito en secreto hasta que, en 1787 habló por primera vez de su “hombre alto”.

Cada día, Hunter se desplazaba hasta la casa de Earl´s Court desde su residencia habitual. La familia Hunter, formada por John, su esposa Anne Home y sus dos hijos, ocupó varias casas hasta que, en 1783, fijaron su residencia en Leicester Square hasta la muerte de John diez años más tarde. En los años siguientes todo el dinero familiar se destinó a ampliar la casa. La zona oeste estaba ocupada por la vivienda familiar y por allí accedían tanto los pacientes de John como los participantes en las veladas literarias y musicales de la Sra. Hunter, entre los que se incluían escritores, como James Boswell, y Horace Walpole (autor de “El castillo de Otranto”, considerada como la primera novela gótica) o músicos, como Joseph Haydn, quien utilizó poemas de Anne para su composición “Seis canciones originales”.

Dos salas, una de “tertulia” y otra de conferencias y el museo unían esta casa con la de Castle Street, donde se encontraban los alumnos y se preparaban los cuerpos. Este era el lugar en el que John pasaba más tiempo. James Williams, el último alumno de John, escribió a su familia, refiriéndose a su dormitorio:

“Mi habitación tiene dos camas y no está situada en el mejor lugar del mundo. La sala de disección, con media docena de cadáveres, se encuentra justo encima y, junto a ésta, la sala en la que el Sr. Hunter hace sus preparaciones, de manera que podéis imaginar que está ligeramente perfumada3“.

John Hunter obtuvo su diploma de cirujano en 1768. Aunque no existe acuerdo entre los autores sobre su pericia como cirujano -fue definido como un “operador no muy diestro y poco elegante” por su alumno Sir Astley Cooper- su habilidad y larga experiencia como disector, le permitieron realizar diversas operaciones con cierto éxito. De todas ellas, la operación de aneurisma popliteal, tan común entre los cocheros, fue todo un logro en un momento en el que la única solución al problema era la amputación. O los pólipos, como en el caso de Haydn, a quien quiso extirpar uno que tenía en la nariz pero éste “gritó y pataleó hasta conseguir que Hunter abandonase su idea”. Y añadió “creo que el Sr. Hunter se lamentó por no obtener de mí el consentimiento para deleitarme con la feliz experiencia de vivir su gran pericia con el bisturí”.

La labor investigadora que había comenzado John en su periplo marino, dio como resultado, entre otras, la publicación de 42 trabajos, la mayoría en forma de artículos o conferencias, pero también tratados monográficos4. Los trabajos publicados incluyeron tratados médicos sobre los dientes humanos, el tratamiento de las heridas por armas de fuego o la digestión post-mortem del estómago. Pero también textos de historia natural y experimentos realizados por él mismo, como los estudios sobre el calor interno de animales y plantas, el hermafroditismo o el estudio sobre la producción de electricidad4. Perteneció a la Royal Society y fue fundador, del Lyceum Medicum, sociedad creada para la discusión de avances médicos, la Sociedad Humanitaria (1776), que tenía entre sus fines la resucitación de muertos. Un año después de su creación, John, junto con otros miembros de esta última intentaron resucitar a William Dodd, clérigo que había sido condenado a muerte por falsificación. A pesar de los rumores, John confesó años más tarde que no habían tenido éxito. Su interés por la enfermedad en animales le llevó a apoyar la fundación, en 1791, del Colegio de Veterinarios.
Algunos autores han mencionado que su afán por conocer las enfermedades en su origen, le llevó a autoinocularse el virus de la sífilis, con el fin de probar en sí mismo el tratamiento recomendado: el mercurio. Este hecho propició que fuese también denominado “mártir de la ciencia”5.

Los resultados de toda la actividad de Hunter se pusieron de manifiesto en su colección. En 1788 la colección comenzó a recibir visitantes. Hunter decidió abrirla al público dos veces al año, mayo y octubre, a médicos, nobles y forasteros ilustres, entre los que se encontró el naturalista George Cuvier.
Varios fueron los contribuyentes a la colección Hunter, tanto durante la vida de su autor como después de su muerte. De todos, destacó el naturalista Jospeh Banks (1743-1820). La amistad que unía a Banks con la familia Hunter propició que una buena parte del material recogido en la expedición que le llevó a Nueva Zelanda junto al Capitán Cook, fuese a parar a Earl’s Court, incluyendo los primeros canguros que llegaron a Gran Bretaña.

Algunos amigos y conocidos también mostraron su interés por entrar a formar parte de la colección Hunter. Tobías Smollet le ofreció su “pobre esqueleto en una caja… para que lo incluya entre sus rarezas” y Walpole mandó hacer un molde de su dedo “susceptible de estar en el museo de miserias humanas del Sr. Hunter”.

John Hunter murió el 16 de octubre de 1793 en el hospital de St. George’s, donde había prestado su servicio como cirujano los últimos años de su vida. A su muerte, John dispuso la venta de la casa de Earl’s Court, de manera que los beneficios fuesen a parar a su viuda e hijos. Por su parte, la colección fue ofrecida al Gobierno, quien rechazó la “oferta” por problemas económicos. Unos años después de su muerte, Sir Everard Home, cuñado y albacea testamentario de Hunter, robó los papeles que éste guardaba en su casa. Un incendio destruyó dichos manuscritos, no sin antes ver la luz con el nombre de Home. Al ser acusado, Home afirmó que el propio Hunter le había solicitado que se deshiciese de los manuscritos. Sin embargo, nadie creyó la disculpa de Home y siempre fue considerado el gran traidor a la memoria de su maestro y cuñado.

En el año 1794, José Clavijo, vicedirector del Real Gabinete de Historia Natural, en una carta al Duque de Alcudia, aconsejaba:

“…Habiendo examinado atentamente la descripción y las tablas de los artículos de los que consta el Museo de Juan Hunter… debo decir que el todo de la colección me parece del mayor aprecio, por lo único y original de la clasificación de los cuerpos orgánicos; por la comparación de los órganos de los diferentes animales…; por hallarse en ella un método que facilita de algún modo verificar las progresivas perfecciones cuya cadena o escala es hasta ahora el escollo insuperable de todos los naturalistas y, finalmente, por lo bien conservadas, que se dice, están las preparaciones… Toda la colección sería muy útil y muy propia del Real Gabinete”.

Sin embargo, la colección nunca llegó a tierras españolas.

En 1800, el Colegio designó un Cuerpo de Conservadores con siete miembros, entre los que se encontraba Richard Owen (más tarde director del Museo de Historia Natural). Sus obligaciones incluían la elaboración de un catálogo y normas para el mantenimiento de la colección, que se había dividido en dos grupos: el departamento fisiológico o de estructuras normales (11.004 preparaciones) y el departamento de patología, en el que se encontraban 2.678 ejemplares, entre estructuras anormales (cálculos y concreciones), monstruos y malformaciones y preparaciones microscópicas. Entre 1830 y 1860 se publicaron varios catálogos de la colección. Los cinco volúmenes correspondientes a la serie fisiológica fueron preparados por Sir Richard Owen; otros tantos volúmenes, elaborados por Astley Cooper y James Paget, registraron los ejemplares presentes en la serie de patología; por último, el catálogo osteológico fue preparado por William Home Clift. En total, se catalogaron 6.747 ejemplares de los 13.682 que John Hunter había llegado a reunir a lo largo de su vida.

Se ha escrito mucho con la figura de Hunter, sus descubrimientos en la Cirugía, la anatomía o la historia natural. A pesar de no ser considerado un gran cirujano o un buen escritor, sí podemos afirmar que la gran contribución de John Hunter a la Cirugía y a la ciencia fue enseñar a futuras generaciones de médicos a mirar más allá de los principios particulares e intentar entender los principios generales que rigen, tanto la salud como la enfermedad.