Un análisis narrativo de la impotencia en la depresión

 

Un análisis narrativo de la impotencia en la depresión

Autor: Vanheule, Stijn, Hauser, Stuart T.

Revisión: Raquel Morató

 

A narrative analysis of helplessness in depression” fue publicado originariamente en Journal of American Psychoanaltic Association, 56 (4), 2008: 1309-1330

RESUMEN:
Las transcripciones de entrevistas clínicas semiestructuradas con 40 adolecentes en hospitalización psiquiátrica fueron sometidas a un análisis narrativo en un esfuerzo por reflejar la lógica de sus explicaciones cuando hablaban espontáneamente de experiencias de impotencia y por determinar cómo la impotencia está incrustada en argumentos más amplios. Se discernieron tres tipos de composición narrativa, y se discuten mediante extractos de las entrevistas. En un primer, y predominante, tipo de narrativa es crucial una confrontación perturbadora con otra persona: las intenciones del otro son oscuras; esto aterroriza al narrador, que no sabe qué hacer. La impotencia surge como resultado directo de no saber cómo manejar el “insoportable enigma” de las intenciones del otro. En el segundo tipo de narrativa, más marginal, la impotencia está incrustada en una explicación de vacío y aburrimiento. El protagonista cuenta experiencias duraderas de vacío debidas a la pérdida y al sufrimiento consiguiente. En el tercer tipo de narrativa, también más marginal, la impotencia está enmarcada en un contexto de fracaso; el protagonista se adhiere a estándares estrictos, siente que no cumple sus expectativas y concluye que es un fracaso. Sólo el primer tipo de narrativa está significativamente relacionado con los diagnósticos psiquiátricos de trastorno del estado de ánimo y depresión mayor.

La idea de que la impotencia está vinculada con la depresión está bien asentada en el pensamiento psiquiátrico y psicológico. La impotencia y la desesperanza son generalmente consideradas síntomas cognitivos de la depresión (DSM-IV; Clark y Beck, 1999). Aunque fue un psicoanalista (Bibring, 1953) el primero en conectar estos conceptos, ahora son principalmente estudiados dentro del paradigma de impotencia aprendida, que proviene de la psicología conductual. Seligman (1972) observó que los animales que experimentan acontecimientos ineludibles en su entorno, como electroshocks que no pueden controlar, desarrollan síntomas dramáticos de impotencia (pasividad y desesperación). El concepto de impotencia aprendida ha servido desde entonces como modelo para estudiar la depresión humana.
Los psicólogos cognitivos han elaborado este modelo, cambiando el foco hacia el estilo atribucional de las personas en relación con acontecimientos vitales negativos (Alloy y col., 1999). Un estilo cognitivo depresógeno, en el que los acontecimientos negativos son interpretados en términos internos, estables y globales, se consideró por tanto una variable mediadora esencial para el desarrollo de la depresión, especialmente para la experiencia de impotencia asociada con ésta. Dentro de esta experiencia cognitiva, la cuestión de si la impotencia y la desesperanza son rasgos estables, en oposición a estados más mutables, sigue siendo controvertida (Henkel y col., 2002).
Menos conocido es el hecho de que los psicoanalistas, desde Freud, han estudiado la impotencia en el funcionamiento psíquico mucho antes de que fuera formulado el modelo cognitivo. Pueden hallarse tres definiciones clínicas y teóricas en la literatura psicoanalítica temprana. Freud discutió primero la impotencia como un término clínico para describir los estados mentales de los pacientes (Breuer y Freud, 1895). Más adelante dio un uso metapsicológico al constructo de la impotencia, refiriéndose a la ineficacia fundamental del bebé en relación con las excitaciones producidas por las necesidades internas y su control incompleto de las funciones corporales. Desde esta perspectiva, la impotencia da lugar a una reacción automática de ansiedad (Freud, 1926), haciendo al niño dependiente de una agencia externa; el bebé necesita ayudar a los otros a responder a su propia desorganización (Freud, 1900, 1923). Una vez que el bebé se da cuenta de que un objeto externo puede aliviar la tensión interna, la ansiedad es parcialmente desplazada a la idea aterradora de la pérdida del objeto, que entonces se convierte en la situación temida (Freud, 1926). Finalmente, dentro de la teoría de la segunda tópica de Freud, la impotencia es definida como una cualidad del yo, que se vuelve sobresaliente en relación con las reivindicaciones del ello y el superyó (Freud, 19239) o, más generalmente, en relación con la tensión excesiva que el yo no consigue manejar (Freud, 1926).
En contaste con las perspectivas presentadas por Freud, quien fundamentalmente vinculó la impotencia con la ansiedad, los psicoanalistas posteriores (p. ej. Bibring, 1953; Bleichmar, 1996; Luborsky, 2001; Maltsberger, 2004; Rosenfeld, 1959) asociaron predominantemente este constructo con la depresión. Bibring, como se apuntaba más arriba, fue el primero en conectar la impotencia con la depresión. En su opinión, la impotencia es el mecanismo psicodinámico que subyace a la depresión, no una manifestación de la misma, como las cogniciones o síntomas esperados. Más aún, Bibring describe la impotencia como un problema a nivel del yo, no como resultado de los conflictos entre yo, ello y superyó. En su opinión, la impotencia apunta a: a) la representación de la persona de sí misma como incapaz de cumplir sus deseos; y b) una fuerte fijación a deseos concretos. La depresión se ve como una “reacción básica a situaciones de frustración narcisista cuya previsión parece exceder la capacidad del yo” (Bibring, 1953, p. 40). Esta reacción básica define el núcleo psicodinámico de la depresión, “independientemente de lo que pueda haber provocado la ruptura de los mecanismos que establecieron su autoestima” (p. 24); el afecto depresivo y la inhibición son aspectos importantes de esta reacción.
Bleichmar (1996) elaboró aun más estas ideas, sugiriendo que un sentimiento de indefensión con respecto al cumplimiento de los deseos constituye el núcleo común de todo estado depresivo. También examinó múltiples vías que podían dar lugar al mismo sentimiento de impotencia (pp. 938-950). Las vías que delinea, conceptual y clínicamente, van de la agresión, culpa, narcisismo patológico, ansiedad persecutoria, identificación y déficits del yo a acontecimientos externos traumáticos. La fuerza de los modelos teóricos tanto de Bibring como de Bleichmar es su foco en las diversas vías, las variaciones en la impotencia individual, que pueden dar lugar a la depresión manifiesta. La investigación empírica, basada en los métodos CCRT de Luborsky (Luborsky y Crits-Christoph, 1998) ha apoyado la idea de que en la depresión, la impotencia está relacionada dinámicamente con los deseos insatisfechos, y que las personas deprimidas, típicamente encuentran obstáculos interpersonales (Deserno y col., 1998; Vanheule y col., 2006 a, b). Sin embargo, aún no hemos hallado estudios detallados de las diversas vías que pueden conducir a la impotencia.

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