Humanismo Médico-Historia de la Medicina

LOS MICROBIOS DE LA ENFERMEDAD,EN LA GUERRA Y LA LITERATURA.PARTE 2ª
…-Influencia de los microorganismos responsables de enfermedades sobre aspectos sociales y religiosos.
…-Influencia de los microorganismos responsables de enfermedades sobre la muerte.

Influencia de los microorganismos responsables de enfermedades sobre aspectos sociales y religiosos

Decamerón
San Agustín.”Nuestro corazón,Señor,está inquieto
hasta que descanse en tí”
Heidegger.”Nuestra muerte como el horizonte
de la vida”
“Ya no es ayer,mañana no ha llegado
hoy pasa,y es,y fue movimiento
que a la muerte me lleva
despeñado”
“Hay que tener la conciencia tranquila
y la inteligencia intranquila”
Misticismo de París

La acción de ciertos microorganismos patógenos ha hecho que los conceptos sociales y religiosos de los seres humanos cambien. En la Edad Media, la aparición de las grandes epidemias llevó consigo una gran ambivalencia en los aspectos de la vida rutinaria, que contrastaba con el sentir religioso. En el primer aspecto, la respuesta fue una exaltación del sentido de la vida, una aceptación de la brevedad de la misma, y una supremacía del aprovechamiento del presente sobre el pasado. Todo ello, por ejemplo, magníficamente retratado por Bocaccio en El Decamerón cuando la bella Pampinea exclama, como paradigma de lo que ha de ser su forma de actuar: “Dejadnos vivir la vida”. Estas actuaciones individuales se generalizan y exacerban en los colectivos, y como cita Prada en relación a las epidemias de peste, llevaban a que “la población sana, incluyendo a aquellos que aún podían maquillarse los bubones con polvos de arroz, se contagiaban de un frenesí orgíástico, prolongándose los carnavales durante meses e invadiendo la Cuaresma, y a los bubones de la peste se agregaban los de la sífilis, cultivados en la promiscuidad que favorecía el anonimato”.

Curiosamente esto contrastaba, como decíamos, con un profundo sentido religioso, la mayoría de las veces impregnando de un alto grado de fanatismo y de misticismo. El ejemplo más típico de la convivencia de la alegría de vivir y el misticismo se encuentra reflejado en el Arcipreste de Hita, representante de la Clerecía del siglo XIV, quien reunía en sí una fuerte creencia en Dios y una infinita confianza en el perdón, al mismo tiempo que sentía la fuerte mordedura de la carne, acompañada en muchos casos, de sentimientos de amor carnal. Esto le lleva a la descripción de su ideal de mujer “serrana fermosa, loçana e bien colorada”. Mujer hermosa, lozana y bien colorada, de carne y hueso como él, que ama el cuerpo y teme a la muerte, apostillando su sentir en su célebre deseo “en la cama muy loca y en la casa muy cuerda”. Ahora, que desde el siglo XIV ha pasado mucho tiempo, podemos seguir planteándonos toda una serie de reflexiones sobre la vigencia y actualidad de esta frase.

En general, ante la enfermedad, se hipertrofian los valores del alma, que se muestra más limpia, más ligera, más depurada, como si en verdad en la propia enfermedad se fuese quemando una carga de errores y desaciertos, y el hombre vuelve sus ojos, en su indefensión, hacia un Ser superior, cultivando aquel tipo de religión que le hubiera sido enseñanda y poniendo en ella toda su esperanza. “Nuestro corazón,Señor, está inquieto hasta que descanse en ti”, como dijo San Agustín.

Influencia de los microorganismos responsables de enfermedades sobre la muerte

El ser humano se sabe perecedero, “cual la generación de las hojas, tal es la de los hombres”, según dice Homero, pero aspira a la inmortalidad, y en el fondo, aún a los creyentes, nos cuesta un gran trabajo considerar la separación del alma y el cuerpo ya que, en el ñultimo extremo, como hombres, sólo nos sentimos tales en la integración carnal.

Para Max Scheler, el hombre antiguo vivía siempre con vistas a la muerte, siendo ésta el poder rector y conformador de la vida. Esto mismo es señalado por Heideger, que muestra la muerte como el horizonte de la vida. Como es lógico, este concepto se ve trastornado cuando grades colectivos sufren la acción simultánea de microorganismos patógenos, en los momentos de epidemias, porque en ellas se carece del más mínimo sosiego para morir en paz y porque aparece de forma brusca y afectando a un gran número de individuos. Aún cuando la enfermedad establece una lucha entre la muerte y las fuerzas personales de cada individuo, según Camus, “sólo hay una cosa cierta y segura, que es la inevitabilidad de la misma”. Nos revelamos contra la muerte, pero la conciencia de nuestra rebelión permanece siempre puesta en peligro por la propia muerte. Cara a cara con el diablo, parece no haber intentos de rescates metafísicos ni escape posible”.

En realidad, la muerte es un hecho absolutamente personal en el más puro sentido ontológico. Decía Quevedo:

“ya no es ayer, mañana no ha llegado
hoy pasa, y es, y fue movimiento
que a la muerte me lleva despeñado”.

A medida que el hombre ha adquirido evidencia de ello, sus pensamientos se han hecho más trascendentes; pero esto, con ladesacralización de la vida en los tiempos modernos, se hace cada vez más díficil. Decía el poeta Rilke que “el deseo de una muerte propia es cada vez más raro, y que en poco tiempo sería tan raro como tener una vida personal”.

En el fondo, el concepto de muerte, que gravita en el hombre toda su vida, se ve reagudizado como consecuencia de la enfermedad infecciosa grave. Ante ello, aún cuando represente el mal, se puede adoptar una postura de ignorancia y de alejamiento: “la muerte es más asunto de los que nos sobreviven que de nosotros mismos”, cuando la muerte existe –dice Mann, no existimos nosotros; por consiguiente, entre la muerte y nosotros no hay una relación real”. O se puede adoptar una postura de vencimiento de la misma, bien por motivos religiosos, bien sublimándola por el amor. Nos gustaría citar aquí, como ejemplo de elevación del amor sobre la muerte, el vencimiento sobre “Yersinia pestis” de Petrarca ante el fallecimiento de Laura. “Como podéis pretender que olvide y deje de amar a la que me sacó de la multitud vulgar, se hizo guía de mis pasos, dio mi fuerza a mi torpe ingenio, y elevó mi espíritu a una vida nueva”.

Yersinia, a través de Laura, llevó a Petrarca a la Madre de Dios, así como Beatriz llevó a Dante ante la presencia del mismo Dios. Es el triunfo de la belleza y el amor sobre la muerte, y sobre el agente responsable de la misma. Es el triunfo del bien sobre el mal, aunque éste se haya producido. Son las más bellas palabras de amor escritas en un soneto como vencimiento de una bacteria de 1,5 micras.

Otro ejemplo que también nos gustaría citar del vencimiento por el amor es el de la dulce Mimí de Puccini. En “La Bohéme”, el concepto de vida y de muerte ( en este caso producido por Mycobacterium tuberculosis) se entremezclan, perdiendo esta última, es decir, la muerte, su aspecto nefando, de tal manera que, dirigida por el amor, se transforma en un final obligado pero reconocido y aceptado. “Doctor –dice Mimí– sé perfectamente que me estoy muriendo. Pero si puede, déme algo que me haga fuerte una noche. Hágame bella sólo una noche, y después estaré dispuesta a morir”. Es imposible hacer una descripción más exacta de la necesidad imperiosa de conseguir la supremacía de la estética y el amor sobre la muerte, y la aceptación de la misma como acto trágico de sumisión a un destino que aparece implacable, como producido por los hados de las tragedias griegas.

Les he acercado dos aspectos de nuestra lucha constante frente a toda una serie de seres vivos capaces de actuar de una forma nociva para el hombre. Bien de forma directa a través de la enfermedad, bien de manera indirecta a través de la denominada guerra bacteriológica.

En la vida, según Neruda, “hay que tener la conciencia tranquila y la inteligencia intranquila”. Por otra parte, según Flaubert, “el talento es una larga paciencia”. Es decir, que seguimos una lucha que ha existido siempre, que se exacerba en determinados momentos, y frente a la cual sólo la inquietud intelectual que nos lleva a un estudio constante y un talento paciente (como decían nuestros dos clásicos), nos puede ayudar.

El hombre, según Hemingway, “no está hecho para la derrota, ya que puede ser destruido pero no vencido”, y aún cuando nos vemos muchas veces agobiados por acontecimientos externos que nos desbordan y que no entendemos, debemos seguir luchando. Las amenazas extremistas y radicales, deben combatirse con el estudio, el sosiego y el conocimiento. La única religión real –que puede abarcar muchos tipos de religiones– es sentirse parte del Universo. “Nosotros somos la eternidad” decía el gran violinista Yehudi Menuhim. Existimos, y en nuestra existencia, acaba la eternidad que nos habita. Por eso, frente al radicalismo, hay que oponer la cultura, que amplíe la mente y el espíritu.

Nunca un ser humano culto será radical. Doris Lessing, recién premiada con el galardón Príncipe de Asturias de las Letras y Humanidades, empezadaba su discurso de agradecimiento diciendo: “Erase una vez un tiempo –y parece muy lejano ya– en que existía una figura respetada, la persona culta. Esto ya no existe”. Verdaderamente, en el siglo en que vivimos, el siglo de la tecnología, del bienestar y del desarrollo, es absolutamente triste tener que reconocer que no existe respeto y admiración por la Cultura. Por otra parte, según decía el Nobel, Günther Grass “no hay espectáculo más bello que la mirada de un niño leyendo un libro”. Por ello el estudio, el conocimiento y la Ciencia, han de ser nuestros únicos aliados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s