“Dalí y la ciencia”

jueves 28 de enero de 2010

Dalí y la ciencia

Al finalizar el año en el que se conmemora el centenario del nacimiento del pintor surrealista es buena ocasión para recordar una faceta poco conocida del genial pintor: el gran interés de Salvador Dalí por la Ciencia. El artista aseguró en más de una ocasión que los eventos científicos eran los únicos que guiaban constantemente su imaginación. Gran amigo del doctor Severo Ochoa –para el que ilustró algunas de sus obras– la representación de la doble hélice del ADN le entusiasmó para sus pinturas, poniendo de manifiesto su fascinación por la genética y las estructuras matemáticas.

Profesor Santiago Grisolía secretario de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados

Desde muy temprano, Salvador Dalí tuvo un gran interés en la Ciencia. Por lo visto, su mejor biógrafo, Ian Gibson, obtuvo copia de una antigua fotografía con Federico García Lorca en el año 1927 y Dalí ya llevaba un número de una revista de Science and Invention. Estudió en detalle a Freud y fue a visitarlo hacia el año 1938 en Londres, le interesó Max Planck y la teoría de los quanta, las teorías de Einstein o la del físico Heisenberg y naturalmente estuvo muy influenciado por el uso de la bomba atómica. Pero lo que le interesó especialmente es la visualización de la doble hélice del ADN, que le entusiasmó.

Su interés por la ciencia lo revela Ricard Mas Peinado, en una deliciosa conversación con Dalí. “Los científicos que usted encuentra, ¿le toman siempre por loco? –le preguntó-. Y el pintor contestó: -Todos, al contrario, me encuentran simpático y dicen de mis declaraciones: “Pues no dice tantas tonterías como parecía”. Mi única ventaja es que no sé nada de nada, así que puedo hacer funcionar mis caprichos más caprichosos y más irracionales basándome en mis pequeñas lecturas. Y como estoy dotado de una cierta genialidad, de vez en cuando digo alguna cosa que no les parece tan improbable. Por ejemplo, por lo que respecta al cáncer, yo me basaba, sobre todo, en aquello que sabía de los mensajeros, los que llevan paquetes, los repartidores. El mensajero, en biología, es RNA, el ácido ribonucleico. En Figueres, uno de estos repartidores, llamémosle pues un ribonucleico, tenía como lema: “El rayo soy, donde me llaman voy”. Bien, en pocas semanas de anarquismo, la ciudad recibía sus bombas mediante un mensajero. Entonces, yo dije a Duran Reynals (gran científico catalán que trabajó durante muchos años en Estados Unidos, en donde no se le trató muy bien. Descubrió el “spreading factor”, luego identificado como hialuronidasa): “Cuando el RNA aporta un mensaje al citoplasma, es decir, a la ciudad, ¿por qué no miran qué contiene el paquete? Reynals encontró esta sugerencia extraordinaria. En biología se ocupan ahora mucho más del RNA. Pero yo esta idea la había soltado un día en el café, sin hacer broma ni nada”.

De las muchas pinturas de Dalí que tienen relación con la ciencia destacan por ejemplo la del “Dalí en el huevo”, del año 1942 o “Niño geopolítico observando el nacimiento del hombre nuevo” de 1943, “Idilio atómico y uránico melancólico” del año 1943, “En busca de la 4ª dimensión” de 1979. Mi conocimiento del interés de Salvador Dalí por la ciencia se inició a través del ingente y muy activo Juan Oró, recientemente fallecido, quién al parecer conoció a Dalí en Nueva York. Al ser catalanes se facilitó el que se hicieran amigos y, pienso que con su exuberante y gran capacidad para hablar de la ciencia, Oró cautivo a Dalí y le pidió un cuadro para encabezar el programa de la reunión de la Sociedad Española de Bioquímica que se celebró en Madrid allá por el año 71. Me acuerdo que Juan Oró me enseñó en el avión desde Nueva York a Madrid el cuadro que llevaba para dicha reunión. En este cuadro Salvador Dalí presenta el ADN y lo caracteriza como la escalera de Jacob por la cual se puede llegar al cielo. El cuadro incorpora unos angelitos que los caracteriza como los RNA mensajeros. También introduce en el cuadro, como lo hace con frecuencia, una imagen suya y de su padre. Este precioso cuadro se lo quedó, de acuerdo con Dalí, Juan Oró.

Para conmemorar el setenta aniversario del nacimiento de don Severo Ochoa, en palabras modificadas de Manolo Losada, y organizado por Oró, colegas, colaboradores y discípulos le tributamos en 1975 un homenaje de admiración y afecto, celebrando durante cuatro días un simposio sobre “Enzymatic Mechanisms in Biosyntesis and Cell Function” en las Universidades de Barcelona y Madrid.

Dalí, antiguo residente de la Residencia de Estudiantes, como fue Ochoa, se sumó al homenaje pintando un imaginativo dibujo sobre lo que él llamaba mensajeros polinucleotídicos de Ochoa para la portada del libro Reflections on Biochemistry y que fue publicado por Pergamon Press en una edición especial limitada de 103 ejemplares. La colorida contribución pictórica del genial artista gerundense fue acompañada en el texto por una original confesión explicativa de Dalí, de la visión que imaginó durante el sueño que tuvo la noche antes de dibujarla, tan ingeniosa y original que dejó sorprendidos a todos, especialmente a Severo Ochoa, que escuchaba con atención y con cara de póquer lo que decía Dalí, y que merece la pena ser recordado, particularmente ahora que termina el “año Dalí” para celebrar los actos conmemorativos del centenario del nacimiento en 1904 del gran pintor surrealista:

“Dios no juega a los dados”, dijo Albert Einstein mucho antes del descubrimiento de la escalera de ADN, por cuyos escalones viajan los ángeles en el sueño de Jacob que yo tuve la noche antes de dibujar el cuadro para Severo Ochoa: ellos simbolizan los mensajeros genéticos o moléculas de polinucleótidos que fueron sintetizados por primera vez en el laboratorio de Severo Ochoa.

Aunque yo no soy un científico debo confesar que los eventos científicos son los únicos que guían constantemente mi imaginación, lo que al mismo tiempo ilustran las intuiciones poéticas de los filósofos tradicionales, hasta llegar a la belleza deslumbrante de ciertas estructuras matemáticas, especialmente la de los politopos y encima de todo aquellos momentos de abstracción sublime lo que vistos a través del microscopio electrónico, aparecen como virus de forma regular con aspecto de poliedros confirmando lo que dijo Platón: “Dios sólo hace Geometría”.

Tras las sesiones científicas en Barcelona, el grupo de bioquímicos fue invitado por Salvador Dalí a visitar su Museo en Figueres, después de una comida en la que estuvo acompañado por su mujer Gala. Dalí tuvo entonces la gentileza de firmar una reproducción seriada de su dibujo para cada uno de los participantes.

Y no solamente hizo este cuadro para D. Severo, sino que también otro en el cual también se ve su interés por la geometría y por la cristalografía. Ambos cuadros a la muerte de D. Severo se enviaron al museo de Gijón, en donde está el legado de la colección artística de D. Severo.

Como he manifestado en algunas ocasiones, y como muestra de la perspicacia e interés por la ciencia de Dalí, cuando se propone por Watson y Crick el modelo de la doble hélice, este descubrimiento despierta gran interés, pero no el enorme impacto que ha tenido hasta que se sugirió el proyecto del Genoma Humano.

Es decir, en la literatura científica se le cita bastante desde su publicación, pero no de una forma masiva y casi continua como pasó después de la iniciativa del Genoma Humano. Curiosamente, que yo sepa, ya Dalí realiza su primera pintura sobre el ADN, como publicó recientemente la revista Nature, con el título del gran masturbador, poco después de que Watson y Crick diesen a conocer en Nature el modelo de la doble hélice, en una famosa y telegráfica nota. Al parecer, Dalí intuitivamente hizo un dibujo de doble hélice antes que Watson y Crick, pero yo todavía no lo he encontrado.

Años después, mi relación con Dalí aumentó con varios encuentros en Madrid, sobre todo en los Hoteles Palace y Ritz, que a él tanto le gustaban, y en el Ritz de Barcelona, en los que el maestro siempre me presentaba a otros, con gran afecto, como un gran “cientista”. Con motivo de una reunión que íbamos a celebrar en Valencia sobre el ciclo de la urea en honor del Premio Nobel Hans Krebs, que inició con éste el estudio de los ciclos metabólicos, se reunieron en Valencia la mayor parte de las personas que habían defendido, confirmado, ampliado y estudiado en detalle el ciclo de la urea. Vale recordar que aparte de su interés bioquímico puro y médico, el ciclo tiene también otro significado y es el que más interesó a Dalí, es decir, convertir el amoniaco tóxico liberado del metabolismo nitrogenado en una sustancia inocua como es la urea. Le interesó sobre todo porque una de las ideas del Vitalismo era la distinción entre las substancias orgánicas e inorgánicas, es decir, como dos mundos distintos. Pero en el año 1828 Wöler sintetizó urea a partir de cianato amónico, es decir, obtuvo una sustancia orgánica a partir de una inorgánica, con lo que dio un fuerte golpe al Vitalismo.

Naturalmente antes, en el año 1974, pedí una entrevista y fui a ver a Salvador Dalí al Hotel St. Regis en Nueva York. Le explique de qué se trataba el Simposio que íbamos a celebrar y le pedí su ayuda. Inmediatamente me dijo que sí. La verdad es que no me quedé mucho tiempo charlando con D. Salvador porque había mucha gente “rara” en la impresionante y lujosa suite del hotel que ocupaba.

Pasó tiempo, no había recibido el cuadro y naturalmente estaba preocupado porque se acercaba la reunión. Entonces me enteré que Salvador Dalí estaba en París por una temporada. Después de contactar con él fue a verle mi colega y generoso amigo José Carreras (él que ha tenido algunas dificultades por su nombre recibiendo algún correo del gran tenor). No me acuerdo si fui yo cuando me entrevisté con D. Salvador en Nueva York o mi amigo José Carreras, quien le entregó una serie de dibujos para facilitar la labor del maestro, dibujos de hígado, de la formula de la urea del amoniaco, etc. Dalí realizó, como se ve, un espléndido trabajo, pero dejó las etiquetas de todos estos objetos incorporados al dibujo. Carreras cuenta que el maestro hizo el cuadro en una sesión mientras él le acompañaba. Él lo consideró, con el título “Tentativo de la Salud y la Enfermedad”. También incluye la figura del mismo Dalí y la de su padre. El cuadro se presentó a Hans Krebs en el Aula Magna de la Universidad de Valencia y se reproduce en el libro que recoge aquella reunión. Por supuesto la reproducción se hizo con el consentimiento del maestro. En aquella época tenía que regresar a los Estados Unidos a mi cátedra en la ciudad de Kansas City y dejé instrucciones para que se realizaran copias y que se enviasen a todos los participantes de la reunión. Fue suerte, porque curiosamente el original desapareció. Me imagino que antes o después aparecerá.

Años más tarde, después de mi regreso a Valencia, con motivo del centenario de la incorporación de Cajal al claustro universitario, y a que D. Santiago inició su carrera universitaria en Valencia, me pareció oportuno hacer una gran reunión en el año 1983 que además sirviese, como me dijeron algunos de los participantes, para olvidar dificultades personales entre varios de ellos. Todo facilitado porque naturalmente yo como bioquímico desconozco la histología, especialmente del sistema nervioso, por lo cual aceptaron mi invitación. Dalí acogió esta propuesta que a través mía le realizó mi simpática colega Chelo Guerri, para hacer una pintura que también se incorporó al libro y que después ha sido requerida por otros tratados de neurología. Esta pintura es, sin duda alguna, casi una copia de una célula de Purkinje, tomada seguramente de la obra de Cajal, que como es sabido aprendió su técnica de la Plata y del llamado Golgi, en Valencia, de las manos del neurólogo Simarro. Dentro de los trazos se ve la palabra Dalí y también una cara.

Esta reunión, ya restablecida la monarquía en España, interesó a Su Majestad El Rey D. Juan Carlos que recibió a los participantes y a mí cuando le llevé el libro. Hay en la literatura gran evidencia del enorme interés de Salvador Dalí por la ciencia, pero como indican estas pinturas, él se preparaba muy bien para realizar sus cuadros.

Para terminar quiero recordar la preocupación de Dalí con los saltamontes, langostas y hormigas y su horror hacia ellas, pienso que quizás él sabía de la obra del joven y gran investigador de principio de siglo Walter Sutton, de Kansas, que unió la genética a la citología, creando la citogenética, basándose en el estudio de los cromosomas gigantes del saltamontes y también la apariencia de las parecidas langostas en el bestiario de los Beatos de Liébana del que desde luego existen ejemplares en Lérida y en Gerona.

El saltamontes que aparece en sus cuadros también simboliza la imagen del padre, en cuanto que el pintor ha dicho que frustró bastantes de sus deseos juveniles.

Para Dalí significa el temor que siente al padre y su frecuencia en sus obras tiene bastante de exteriorización de algunas tendencias masoquistas. En “El gran masturbador” óleo de 1929, está llevado al máximo la tensión provocada, de tantas reminiscencias freudianas con la imagen de un saltamontes que se posa sobre el vientre-cerebro-rostro de la que sugiere ser la masa visceral que se proyecta hacia atrás, ocupando el centro del cuadro y partiendo del tronco de la atormentada figura.

En los Beatos hay siete ángeles que con sus trompetas van a provocar plagas sobre la tierra. Cuando el 5º ángel toca la trompeta, una estrella cae de cielo a tierra. Se le da, al ángel, la llave del pozo del abismo. Al abrir el pozo, sale de él un humo que oscurece el sol y con él las langostas investidas de poder, “como tienen poder los escorpiones de la tierra”. Entre las interpretaciones que se han dado a esta plaga es identificar a las langostas como los discípulos del Anticristo.

Tanto le impresionó el ADN a Dalí que lo hace monárquico, aunque de joven era anárquico. Compara las uniones de hidrógeno entre las purinas y pirimidinas del ADN con su estrecha relación con Gala. Como dicen Deschoreses y Neret, “Dalí siguió con gran atención los progresos de los últimos descubrimientos en relación con su querido ácidodesoxirribonucleico, el famoso ADN que encarna la memoria de la especie. ¿No es una molécula del ADN garantía de inmortalidad? Ella es, murmuraba, la célula “monárquica” por excelencia: Cada mitad de un barrote está engarzado a su mitad correspondiente con toda exactitud, como Gala lo está a mi… Todo encaja, se abre, se cierra, en una locura de exactitud. La herencia depende de una maquinaria soberana y la vida misma es el resultado del gobierno absoluto del acidodesoxirribonucleico”.

Con el mostacho engominado, embalsamado para que su cuerpo permanezca intacto, revestido con una túnica adornada con la corona de marqués y bordada con un friso que representa la doble espiral del ADN, el marqués Dalí de Púbol reposa en la cripta excavada bajo la cúpula de cristal de su museo de Figueres.

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