“EL NOBEL STIGLITZ “LADRÓ” AL ÁRBOL EQUIVOCADO”

El malestar económico mexicano no nació con la crisis internacional del 2008. Las cosas estaban mal antes de que quebrara Lehman Brothers y se nos viniera encima el techo del vecino. El estancamiento ya estaba ahí, lo revelan los indicadores de pobreza y competitividad; el comportamiento de la inversión, extranjera y nacional; las cifras de empleo, productividad y salarios.

La crisis dio el tiro de gracia a un modelo de estancamiento con estabilidad. ¿Cómo conformarnos ante el hecho de que el mayor éxito económico del país ha sido el control de la inflación? ¿Cómo entender que el país no ha sido capaz de crear más de medio millón de empleos en ninguno de los últimos 20 años?

Podemos echarle la culpa a las hipotecas “chatarra”, a la epidemia de la influenza o a la caída de la producción petrolera. El problema es que eso nos permitiría explicar sólo una parte de lo que ha ocurrido entre finales del 2008 y el año 2009. El crecimiento mediocre empezó mucho antes de la crisis internacional actual. El PIB de México ha crecido a una de las menores tasas de América Latina desde 1990. Brasil nos rebasa por la izquierda.

Colombia, por la derecha. Chile nos pasa por arriba y Perú por abajo. Necesitamos crecer más de 7% anual para crear 1 millón de empleos al año y, además, generar los recursos para abatir la pobreza, que alcanza a 55 millones de mexicanos. Necesitamos siete por ciento, pero no hemos conseguido superar 2% promedio en los últimos 15 años.

Éramos una potencia regional indiscutida. Ahora somos un enigma: ¿por qué no crece México?, nos preguntamos los mexicanos y cuestionan los extranjeros. Tenemos recursos naturales, posición geográfica privilegiada, una base industrial importante, recursos humanos calificados, tratados comerciales con EU, Europa y Japón, además de una base cultural con personalidad y reconocimiento internacional. La respuesta requiere cónclaves de expertos en economía, finanzas, ciencias políticas, antropología, psicología social y parapsicología. No bastaría, porque la autodestrucción es uno de los grandes misterios. Es casi como preguntarse, ¿por qué Lindsay Lohan se empeña en acabar con sí misma?

Dennis Dresser habla de los centros de veto del crecimiento. Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín destacan la ausencia de un proyecto nacional. Parece que las deficiencias de México han sido suficientes para compensar sus potencialidades y las ventajas del NAFTA, tal y como concluía hace un par de años Bradford de Long, número dos del Tesoro de EU en la era Clinton.

El premio Nobel Joseph Stiglitz “ladró” al árbol equivocado al criticar el desempeño del gobierno, desde que llegó el tsunami financiero llevó la discusión a un punto que puede tapar el bosque. Me explico: es súper importante el averiguar por qué México cayó más que el resto de América Latina en el primer semestre del 2009, pero es un tema menor comparado con el entender por qué México lleva años teniendo peor desempeño que la mayoría de países del continente americano. La película no comenzó con la quiebra de Lehman ni con los derivados de La Comer, sino hace varios sexenios. ¿Alguien sabe qué hemos hecho para merecer esto?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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