“POLÉMICO ALEXIS CARREL,PREMIO NOBEL A COMPROMISO”

¿Colaboracionista?
Uno de estos acontecimientos, que modelan especialmente su biografía, sucede a su regreso a Francia desde los Estados Unidos de América en 1939. Un año más tarde los alemanes invaden Francia y promueven, bajo su estricto control de dominadores, el régimen de Vichy que encabeza el general Petain. Más tarde Carrel sería acusado no sólo de simpatizar con los alemanes a través del régimen de Vichy sino de negociar con ellos en representación del Instituto para el Estudio de los Problemas Humanos, del que era fundador y que dirigía con mucho celo en aquel momento.

Estos hechos, junto con su pensamiento -quizás no bien interpretado- expresado en el prólogo de su obra “La incógnita del hombre”, le van marcando como sujeto peligroso y antidemócrata. En dicha obra, publicada cuando todavía estaba en Nueva York, formula que “la civilización occidental está en muy grave peligro” y predice que “se encamina hacia la degeneración a causa de la esterilidad de los grupos humanos más fuertes y más inteligentes”, proponiendo como solución el establecimiento de una sociedad nueva controlada por el progreso de la ciencia del hombre.

Estos sucesos y manifestaciones sirvieron para enmarcarle socialmente como persona no grata, habiéndosele tildado de traidor, colaboracionista y afín ideológicamente a los que defendían un control científico del género humano. El lector puede establecer su propio juicio, en este sentido, tras la lectura del siguiente párrafo del Prólogo a la última edición americana de L’Homme, cet inconnu. París, 1940: “La civilización occidental no se ha encontrado jamás en tan grave peligro como hoy. Incluso si evita el peligro por la guerra, se encamina hacia la degeneración a causa de la esterilidad de los grupos humanos más fuertes y más inteligentes. La jurisdicción de la ciencia se extiende a todo aquello que es observable, lo espiritual, tanto como lo intelectual y fisiológico. El hombre, en su totalidad, puede ser aprendido por el método científico. Pero la ciencia del hombre difiere de todas las otras ciencias.

Debe ser sintética al mismo tiempo que analítica, porque el hombre es a la vez unidad y multiplicidad. Sólo ella es capaz de engendrar una tecnología aplicable a la construcción de la sociedad…”.

El alcance negativo que tuvieron estas palabras fue tal, que llegó a decirse con respecto a su muerte, cuando le sobrevino el 5 de noviembre de 1944, meses antes de finalizar la II Guerra Mundial, que había supuesto para él una gran ventura, pues le había librado del deshonor y la vergüenza de un consejo de guerra, con acusación al menos de colaboracionista.

La curación por la oración
Existe otro suceso un tanto controvertido en la biografía de Carrel que modela muy fuertemente su vida interior, que se debate desde entonces por encontrar explicación científica a los fenómenos sobrenaturales. Carrel es testigo de una curación milagrosa, como médico de una peregrinación a Lourdes, en la persona de la joven Marie Bailly, que padecía una peritonitis tuberculosa en estado muy avanzado, preagónico, y cuyo viaje él mismo había desaconsejado. Carrel firma como testigo médico del milagro en la oficina de comprobaciones médicas de Lourdes, aunque reconoce no comprender la esencia del fenómeno. Todo esto lo relata en su libro “Le voyage à Lourdes” (1949). Lo que más nos importa ahora es precisar la gran influencia que la curación de Marie produce en su espíritu, de tal forma que durante el resto de su vida trata de buscar explicación científica a estos fenómenos y de disipar las enormes vacilaciones relacionadas con la existencia de Dios y del hombre, a raíz de que enuncia -sin ningún género de dudas- que la oración puede ser un medio de curación. Desde entonces Carrel peregrina todos los años a Lourdes y allí conoce a la que sería su gran colaboradora y esposa, Ana María de la Motte de Meyrie. Al margen del contenido puramente científico-médico de su obra, que luego comentaremos, el impacto de la vivencia de Lourdes da lugar a grandes reflexiones que le turban y le afligen: “la ciencia ha avanzado muy poco en el campo de la telepatía, fenómenos místicos y de la oración, de la educación, de la intuición, del arte, de la voluntad”, dejando por escrito el fruto de sus reflexiones en una sugestiva obra: “El hombre, ese desconocido”, “La oración”, “Día tras día” y “Reflexiones sobre la conducta humana”.

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