“MEMORIAS DE AFRICA” LA SÍFILIS,ARTISTA INVITADA

José Antonio Trujillo Ruiz. Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas

Dinamarca es un país maravilloso. Los daneses son gente cercana y culta, que hacen al viajero agradable su visita.

Copenhague es una ciudad internacional y bella. Está rodeada de pueblos con encanto y urbanizaciones inmersas en la naturaleza. El paisaje natural y urbano de Selandia, región a la que pertenece la capital danesa, es un deleite para los sentidos.

En un mismo día uno puede acudir a la casa de Karen Blixen, continuar con el Museo de Arte Moderno Lousiana, como etapa intermedia, y finalizar el día en el castillo ligado a la figura de Hamlet en la localidad costera de Elsinore, justo frente a la costa sueca.

La casa de Karen C. Dinesen (1885-1962), cuyo apellido de casada era Blixen, fue abierta como museo el 15 de Mayo de 1991. Se encuentra en Rungstedlund, cerca de la localidad de Ryngsted Kyst, cercana a la costa. La puesta en funcionamiento del museo fue posible gracias a los ingresos de la famosa película de Sydney Pollack “Memorias de África”. La película se basó en el libro de la escritora danesa Karen Blixen “Mi granja africana” (Den afrikanske farm).

Cerca del mar, la magnífica casa perteneciente a la familia de la escritora, que originariamente fue una posada, invita a recorrer todos los rincones del hogar donde nació Karen y en la que vivió desde su regreso de África en el 1931 hasta su muerte en 1962. Los visitantes se acercan con auténtica admiración a la planta baja de la casa donde uno puede observar cuadros pintados por la escritora danesa, fundamentalmente retratos de los años veinte del pasado siglo de kikuyus y masais, así como observar su estudio, desde donde se puede disfrutar de la visión del mar. Allí se encuentra su vieja máquina de escribir “Corona”, sus plumas, los objetos que trajo de África, así como sus libros y cuadros, incluidos los retratos de Denys Finch Hatton, el aristócrata inglés del que se enamoró y que perdió antes de regresar a Dinamarca. Por los pasillos uno observa la exagerada longitud de las cortinas blancas de las ventanas, replegadas y extendidas por el suelo como la cola de una novia. Son parte de las pertenencias que le acompañaron tras dejar África. Por todos lados de la casa hay flores frescas, costumbre que ha sobrevivido a los días de Karen Blixen.

En la primera planta se encuentra el dormitorio en el que falleció la escritora.
Detrás de la casa existe un maravilloso jardín que aspira por su extensión a ser un bosque tal como nosotros lo entendemos. Parece que no ha pasado el tiempo en esa tranquila área, y soñamos que en cualquier momento podemos encontrarnos con la escritora. Todo se ha respetado siguiendo sus deseos, que gozaba pensando en que los pájaros allí podían vivir tranquilamente.

Definitivamente uno se encuentra con Karen Blixen en un lugar maravilloso. En esa zona, remanso de paz y de invitación a la reflexión en medio de la naturaleza, se hallan los restos de la magnífica escritora danesa en una sencilla tumba con una lápida en el suelo en la que consta sólo su nombre: “Karen Blixen”.

Sin ningún género de dudas, la vida de esta danesa supera con mucho en atractivo, a la belleza de la película “Memorias de África”.

La mujer
La escritora Karen Blixen nació en 1885 en el seno de una familia aristocrática. Ella era la segunda de los cinco hijos que tuvieron el matrimonio Wilhelm Dinesen e Ingeborg Westenholz. Fue la favorita de su padre, que había sido soldado, poeta, cazador y político. El señor Dinesen viajó al lejano oeste en EEUU, para olvidar la muerte de su primer amor, una prima suya de 18 años. Estuvo viviendo entre los indios durante dos años. Escribió varios ensayos sobre ellos. Parece ser que compartía con ellos el amor a la naturaleza, la caza y el gusto por la buena vida. Al regresar a Dinamarca conoció a la señora Westenholz, que pertenecía a una familia danesa de la alta burguesía, que contaba con 24 años, y la adornaban su belleza y cultura. Se casaron finalmente y tuvieron cinco hijos como decíamos.

Todos los vástagos nacieron en la finca de Rungstedlund, una posada del siglo XVI al norte de Copenhagen que adquirió el señor Dinesen en 1879.

Cuando contaba Karen con 10 años, su padre que era en ese momento diputado, se suicidó ahorcándose en la habitación de un hotel de la capital danesa. Parece que padecía la sífilis. Su madre siempre fue un apoyo para ella, y su hermano Thomas fue su confidente.

Nunca pisó una escuela; fue educada según las orientaciones de su religiosa madre y su tía Bess. Tuvo varias institutrices, que a los doce años la hacían escribir ensayos sobre las tragedias de Racine y traducir a Walter Scott al danés. Su formación fue políglota y cosmopolita, ya que estudió arte en París y Roma.

Posteriormente vivió en Copenhagen, lejos de su familia. En aquellos años conoció a dos primos suyos lejanos, Hans y Bror von Blixen-Finecke, pertenecientes a la nobleza sueca.

Se enamoró de Hans, y llegó incluso a ser su amante, pero nunca pensaron en formalizar su relación, sobre todo porque así lo quería él. Sorprendentemente, en 1912, Karen anuncia su compromiso con su primo Bror. El hermano de su amante representaba el lado menos confesable de la familia sueca, ya que gustaba mucho de las mujeres, la caza y tenía fama de “manirroto”.

Un tío de Bror, a su regreso de un safari por el Protectorado británico de África Oriental (la actual Kenia) recomendó a la pareja su partida a esa zona para probar a hacer fortuna. Karen se sintió atraída por la idea de huir a un lugar tan lejano junto con Bror.

Decidieron marcharse a África, y así la familia materna de Karen aportó el dinero para comprar una granja de 700 acres en Kenia, para dedicarla a una explotación ganadera.

Bror no aportaría dinero a su matrimonio para su aventura africana, pero sí que ofrecía un título nobiliario, ya que él era el barón Von Blixen. Antes de unirse oficialmente, Bror partió a tierras africanas, y sin decírselo a Karen, vendió la granja de 700 acres y compró unos terrenos para plantar café. La finca pertenecía a un sueco y tenía 4500 acres y estaba situada cerca de Nairobi. Constituyó la Swedo-African Coffe Company y pretendió cultivar café en una zona donde no se conocía ese cultivo.

En 1913 Karen embarca en Nápoles en el barco Admiral con rumbo a la costa oriental africana para definitivamente casarse con su prometido Bror.

Cuando llegó a África contaba con 28 años de edad. Al día siguiente de su llegada se casó por lo civil con su primo Bror, en una ceremonia que duró diez minutos en la comisaría del distrito. Desde ese momento ella se convirtió en la baronesa Karen Blixen.

Así comienza su aventura africana, junto a su marido, en un lugar maravilloso. La finca tenía una buena casa, y en la explotación cafetera trabajaban unos 1200 kikuyus. Sus primeros tiempos africanos fueron felices, cenando en un lugar como aquel con cubertería de plata, copas de cristal, vajillas de porcelana, bebiendo vinos franceses y comiendo foie y caviar ruso.

Tuvo desde un principio de criado fiel a Farah, que era de origen somalí, musulmán, algo orgulloso, incorruptible y cercano.

Farah estuvo al lado de la baronesa cuando tras contraer la malaria en África, permaneció en cama durante varias semanas.

En su primer safari junto a su marido, descubrió su auténtica pasión por la caza y su gusto desmedido por la sangre. Con el tiempo llegó a ser una gran cazadora y no tenía ningún problema en afirmar que disfrutaba matando animales salvajes, faceta biográfica que algunos intentan olvidar. Nuestro gran Ortega y Gasset escribía: “Hay, pues, en la caza como deporte una libérrima renuncia del hombre a la supremacía de su humanidad. Esta es su consustancial elegancia. En vez de hacer todo lo que como hombre podía hacer, liga sus excesivas dotes y se pone a imitar a la Naturaleza; es decir, que por su gusto retrocede y reingresa en ella. Tal vez sea este un primer atisbo de por qué es para el hombre tan grande delicia cazar”.

En Agosto de 1914 estalla la I Guerra Mundial, y el matrimonio se pone de parte de los ingleses. La contienda bélica está a punto de dar al traste con su negocio cafetero. Los ingleses dudaron inicialmente de su apoyo, por conocer las buenas relaciones que tenían y tienen los nórdicos con los alemanes.

Su marido era una persona que se ausentaba con frecuencia del hogar familiar, y seguía manteniendo su fama de cazador y mujeriego.

Tras una batalla en la que el lado inglés pierde, regresa el barón junto a Karen. Ella comienza a sentirse en esa época mal. Posteriormente se le diagnostica su enfermedad y decide partir para su tratamiento a Europa. Antes de iniciar ese viaje, no renunció a salir de safari durante dos meses junto a su esposo por las montañas de los Aberdares.

Tras un breve paso por París, llega ella sola finalmente a su casa familiar de Dinamarca. En el verano de 1916 Bror se reúne con su esposa en Dinamarca y parten de nuevo con destino a su finca de África.

Karen siempre recordó el año 1917 en el que una terrible y prolongada sequía acabó con la cosecha de café dejándolos sin beneficios. Pero lo mejor de aquel año nefasto fue el cambio a una nueva casa, más amplia y lujosa, situada a dieciséis kilómetros de Nairobi y conocida como M´bogani, “la mansión de los bosques”. Ésta fue la finca que inspiraría sus “Memorias de África” en donde según ella pasaría los mejores años de su vida. “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías”, escribiría Karen Blixen en la primera página de su libro cargado de nostalgia.

La mansión era un elegante edificio de piedra construido por un colono sueco que les dejó su magnífico mobiliario original y una biblioteca llena de libros de literatura clásica que hicieron las delicias de la baronesa.

Pasado un año las cosas no mejoraron y su relación con su esposo era cada vez más difícil y distante. Bror seguía ausentándose muy a menudo de la granja, despilfarraba el poco dinero que les quedaba y no renunciaba a sus conquistas femeninas. Karen había perdido las esperanzas de tener un hijo, y decidida a olvidar partió de safari a las llanuras de Tana, con un amigo de su esposo, el barón y oficial sueco Eric von Otter. Vivió con él un corto pero intenso romance.

Es en esa época, en la que la baronesa no pasa por sus mejores momentos en África, cuando conoce al que sería el auténtico amor de su vida. El encuentro fue en una cena en el club Muthaiga cuando unos amigos le presentaron a Denys Finch-Hatton, un aristócrata inglés de treinta y dos años. Denys fue el hombre que descubriría a Karen el África de los safaris regados de champán y las interminables sabanas desde el aire en su avioneta. Era un deportista y un intelectual, educado en Eton y Oxford, raro entre los brutos colonos británicos de aquellos años veinte en África.

Se daba la circunstancia de que Denys y Bror eran amigos, ya que eran dos grandes cazadores, expertos en safaris y amantes de la naturaleza.

Comienzan Karen y Denys su relación y comparten jornadas de safaris juntos.

En 1922 Bror le pide el divorcio a la baronesa, ya que quería casarse con Cockie Birkbeck, señora conocida por escribir cotilleos en el Daily News.

El independiente y solitario aventurero Denys cayó rendido ante los encantos de Karen y en el verano de 1923 se traslada a vivir con ella a la granja. Aquellos instantes de felicidad que compartieron en Ngong inspirarían a la escritora las páginas más románticas de “Memorias de África”.

Denys animaba a Karen a escribir aquellos hermosos relatos orales que compartían. Nunca pudo imaginar que se convertiría en una escritora que posteriormente estuvo nominada para el Nobel de Literatura.

Con 39 años Karen Blixen tiene muchos problemas económicos, está algo deprimida por su divorcio y su enfermedad vuelve a manifestársele con gran crudeza.

En 1929 se queda embarazada de su amante, Denys, pero él desde Londres, donde se encontraba, le insta a que no tenga a ese hijo.

Su relación entra en crisis, y su amor maduro se marchita. Denys se enamora de otra mujer y se va a vivir con ella, la conocida como dama de los cielos, Beryl Markham.

En 1930 sus problemas económicos se agudizan y su granja es vendida en una subasta pública.

Poco después, en Mayo de 1931, su amado Denys fallece en un accidente aéreo cuando iba a Nairobi en su avioneta. Karen en una ceremonia sencilla entierra a Denys en las colinas de Ngong.

Nada le liga a África en esos momentos y regresa a su casa familiar de Dinamarca en ese mismo año 1931, donde se recluye. Sólo 13 años después de su regreso pudo abrir las cajas de sus recuerdos africanos.

Karen Blixen fallece a los 77 años de edad en su casa danesa, era el 7 de Septiembre de 1967. Poco antes había escuchado un aria de Händel que Denys solía cantarle en sus visitas a la granja.

Tal como había pedido a su familia, fue enterrada bajo un gran árbol, a la usanza de los lugares sagrados de los kikuyus en las llanuras africanas.

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